Esa centralidad no fue un elemento accesorio de su liderazgo. Fue parte constitutiva de su construcción de poder. Milei comprendió antes que otros dirigentes que, en la política contemporánea, captar la atención también significa disputar poder.

Sin embargo, los datos más recientes muestran que esa dinámica está cambiando.

El informe de escucha social de Reputación Digital, elaborado a través de nuestra plataforma Sapiens, analizó 326.638 publicaciones entre el 5 de septiembre y el 4 de noviembre de 2026. El resultado permite identificar una tendencia que merece atención: Milei perdió participación en la conversación política, mientras las menciones que lo involucran mantienen un marcado predominio negativo.

Su participación pasó del 17,6% al 10,9% entre la primera y la última quincena analizada. El 23 de septiembre había alcanzado un pico del 29%, durante su viaje a Nueva York y el encuentro con Donald Trump. Pero desde los primeros días de octubre comenzó a retroceder y terminó estabilizándose en torno al 10%.

No estamos frente a una variación menor. Estamos observando una modificación en la capacidad del Presidente para concentrar la atención política.

La centralidad ya no garantiza adhesión

Uno de los datos más relevantes del estudio es que el 80% de las publicaciones clasificadas sobre Milei tiene un tono negativo. Sin embargo, para interpretar correctamente este resultado hay que distinguir entre volumen de mensajes, comportamiento de las cuentas y alcance efectivo.

El 80,5% de las publicaciones clasificadas por tipo de cuenta provino de perfiles automatizados, el 8% de trolls y el 11,5% de cuentas reales. Pero cuando medimos el alcance estimado, la relación cambia sustancialmente: las cuentas reales concentraron el 89%, mientras que los bots apenas representaron el 1,3%.

Esto significa que no alcanza con contar publicaciones. Hay que comprender quiénes las producen, qué capacidad tienen de amplificarlas y cuántas personas pueden estar expuestas a esos contenidos.

Cuando excluimos bots y trolls, el rechazo a Milei disminuye, pero continúa siendo mayoritario: el 65% de las publicaciones de cuentas reales tiene una valoración negativa, frente al 17% positivo y el 18% neutral.

La conclusión es importante. El malestar no puede explicarse únicamente por la actividad automatizada. Existe también una conversación crítica entre usuarios reales, con preocupaciones que exceden la disputa partidaria.

Cuando la agenda digital empieza a hablar del bolsillo

Otro cambio significativo aparece en los temas que movilizan la conversación.

En septiembre, buena parte de la discusión estuvo vinculada con Malvinas, aunque el 81% de esas publicaciones provenía de cuentas clasificadas como automatizadas. Con el paso de las semanas, el eje comenzó a desplazarse hacia cuestiones mucho más cercanas a la vida cotidiana: el precio de los alimentos, las tarifas, las universidades, los ingresos y las declaraciones presidenciales.

La política puede instalar debates durante un tiempo, pero tiene dificultades para sostener una agenda que se aleja de las preocupaciones concretas de la sociedad.

El episodio del precio de la carne fue ilustrativo. La entrevista en la que Milei reconoció que desconocía cuánto costaba ese producto se convirtió en uno de los contenidos más compartidos del período, con 8.946 reposteos. Más adelante, su expresión sobre quienes afirmaban que la gente no llegaba a fin de mes volvió a alimentar una conversación centrada en el poder adquisitivo.

Entre el 15 y el 24 de octubre se registró el tramo de mayor rechazo entre las cuentas reales: el 74% de sus publicaciones tuvo tono negativo. Los ingresos, las universidades y las declaraciones contra periodistas estuvieron entre los principales temas.

Cuando las declaraciones presidenciales se alejan de las preocupaciones cotidianas, pueden generar conversación, pero esa atención tiene un tono cada vez más negativo.

El espacio que deja Milei no queda vacío

La pérdida de centralidad del Presidente también permite observar otro fenómeno como el crecimiento de otros dirigentes en la conversación política.

Axel Kicillof pasó de representar cerca del 1% de las menciones a ubicarse entre el 4% y el 8% desde fines de septiembre. Cristina Fernández de Kirchner alcanzó el 6,5% a comienzos de noviembre, mientras Mauricio Macri mantuvo una participación más acotada.

Estos movimientos no significan automáticamente que exista una transferencia de votos ni que las redes anticipen un escenario electoral. Pero sí muestran que la conversación política comienza a distribuirse de otra manera.

También aparecen las tensiones dentro del oficialismo. Las menciones conjuntas a Milei y Patricia Bullrich tuvieron un repunte durante la última semana de octubre. Aunque Bullrich continúa asociada al espacio gobernante, las diferencias entre sus principales figuras forman parte de una discusión que gana visibilidad.

En política, la centralidad no es un recurso permanente. Se construye, se administra y también puede perderse. Cuando un dirigente deja de ocupar el centro de la conversación, otros actores encuentran oportunidades para instalar sus propios temas y posicionamientos.

Las redes no son las urnas, pero tampoco son irrelevantes

Es necesario evitar una conclusión apresurada, porque las redes sociales no representan por sí solas a la opinión pública. El 96% del corpus analizado proviene de X, una plataforma con características particulares y una presencia significativa de cuentas automatizadas.

Por eso, los resultados no deben interpretarse como una medición directa de intención de voto ni como una fotografía exacta del humor de toda la sociedad. Las encuestas tradicionales ofrecen otra dimensión de análisis y muestran un escenario menos extremo que el que podría sugerir la conversación digital.

Pero sería un error inverso desestimar estos indicadores. Las redes permiten observar la velocidad con la que se modifican las percepciones, qué temas generan rechazo, qué dirigentes ganan visibilidad y cómo se comportan las comunidades políticas.

Para un Presidente que hizo de la centralidad digital una fortaleza, perder atención mientras persiste el rechazo es una señal de desgaste.

La pregunta que deja este relevamiento no es si Milei perdió definitivamente su capacidad de comunicación. Es si el Gobierno podrá recuperar la iniciativa y volver a conectar su discurso con las preocupaciones cotidianas de quienes lo acompañaron y de quienes hoy observan su gestión con mayor distancia.

Porque en política, captar la atención puede ser el primer paso para construir poder. Pero sostenerlo exige algo más difícil: conseguir que la sociedad siga encontrando razones para escuchar.

*- Por José Norte Sosa
Dr. en Ciencia y Tecnología | Especialista en Big Data e IA