El informe de escucha social que dirigimos en Reputación Digital es contundente. En las primeras siete horas, se analizaron 977 mensajes. Y el dato que más me llamó la atención no es el alcance del posteo (220.597 vistas), ni los 1.454 retuits. Es la dirección del fuego. A Bullrich no la cuestionaron los opositores. La cuestionaron los propios.
En las respuestas a su posteo, el 27% fueron reproches de votantes del Gobierno. La comparación que más se repite es “otra Villarruel”. La proporción es de 2,6 reproches por cada mensaje de apoyo. Es un dato que debería hacer ruido en cualquier oficina política. No es la oposición la que le marca la canasta; son los propios. Es el “no es por acá”, el “hablalo en privado”, el “no le hagas el juego a los kukas”. La bronca, la ira, es la emoción más frecuente en esas respuestas (20%).
Pero si adentro la retan, afuera se ríen. Y el blanco de esa risa no es Bullrich. Fuera de su posteo, el blanco fue Milei. Uno de cada tres mensajes se refirió en tono de burla al Presidente. Solo el 4% criticó a Bullrich. La oposición, que no mueve los hilos de la conversación oficialista, encontró un carnaval: la interna. La respuesta de Milei, esa frase de “tontería mayúscula”, abrió un frente nuevo. 45 mensajes lo aplaudieron, pero 36 le marcaron que “ahora le gusta Lali”. El Presidente, que quiso bajar el precio del conflicto, terminó pagando él mismo el costo.
El informe revela, además, la existencia de dos redes que no se tocan. Una opositora, de 2.209 cuentas, que movió los escándalos de la semana (Cerimedo, el atentado a CFK, el oro del Banco Central, la Hidrovía). Y otra afín al Gobierno, de 1.102 cuentas, que empujó la encuesta de la fórmula Milei-Bullrich el martes 15. Ni una sola cuenta en común. Es un ecosistema perfecto para la grieta, pero letal para la gestión.
Y mientras todo esto pasaba, ¿qué pasó con la discapacidad? El tema que originó la discusión cayó de 1.505 mensajes el miércoles a 123 el viernes. Después del video, hubo casi 8 mensajes sobre la canción por cada uno referido a Discapacidad. La política, como el ruido, siempre encuentra la manera de tapar lo importante. La pelea por el Nomenclador, por la ley de Emergencia, quedó sepultada por el chiste fácil y la interna.
Esta semana, cuando actualicemos el informe, veremos si cambió la tendencia. Pero la foto de estas primeras siete horas es clara: un video con una canción logró lo que ningún discurso de gestión pudo. Puso a Bullrich en el centro de la escena, pero no para defender su fórmula, sino para que sus propios votantes le marcaran la canasta. Y mientras tanto, el blanco real del escarnio fue Milei.
En las encuestas, Bullrich tiene la mejor imagen (34%). En las redes, el clima es adverso: 83% de los mensajes en tono negativo. Esa brecha entre la calle y la pantalla es el verdadero misterio. La política se juega cada vez más en ese espacio digital, donde un video de diez segundos puede reescribir la agenda de un día. Y donde, al parecer, ya nadie se acuerda de la discapacidad.
*- Por José Norte Sosa (con la colaboración de Agustina Riguetti)
Dr. en Ciencia y Tecnología | Especialista en Big Data e IA




