Ese fue, probablemente, su principal activo electoral. Después de muchos años de frustraciones, una parte importante de los argentinos decidió apostar al futuro antes que volver al pasado. No votó experiencia. Votó diferencia.
El gobierno que terminó construyendo
Dos años y medio después, la fotografía del gabinete es completamente distinta: Luis Caputo, Federico Sturzenegger, Patricia Bullrich, Martín y Eduardo "Lule" Menem, ahora Diego Santilli como jefe de Gabinete. Todos dirigentes con décadas de experiencia política y de gestión. Todos protagonistas de distintos momentos de la política argentina.
Paradójicamente, muchos de ellos forman parte de aquello que Milei definía como "la casta". No se trata de cuestionar sus capacidades. Muchos son funcionarios con experiencia comprobada.
La pregunta es otra.
¿Importa la contradicción?
¿Qué hace el electorado libertario cuando el gobierno deja de parecerse a la promesa original? ¿Hasta dónde pesa la coherencia discursiva? ¿Hasta dónde pesa la eficacia de gestión?
Durante años escuchamos que la sociedad estaba cansada de los mismos nombres. Hoy buena parte de esos nombres integran el gobierno que llegó prometiendo reemplazarlos. Y, sin embargo, no aparece un costo político proporcional a esa transformación.
¿Por qué?
El caso Adorni
La salida de Manuel Adorni también puede leerse dentro de esa lógica. Durante meses, el caso deterioró el capital simbólico del Gobierno. No fue un problema económico. No alteró la inflación. No modificó las inversiones. Pero sí afectó uno de los activos más importantes de Milei: la idea de representar algo distinto.
Porque cuando un gobierno que construyó su identidad alrededor de la crítica a los privilegios empieza a quedar atrapado en discusiones sobre patrimonios, utilización de recursos públicos o comportamientos éticos, inevitablemente aparece una pregunta: ¿Dónde termina la diferencia y dónde empieza la continuidad?
La economía sigue teniendo la última palabra
Tal vez la respuesta esté en otro lado. Quizás la sociedad esté demostrando que hoy existe un orden de prioridades muy claro. La identidad importa, la coherencia importa, la transparencia importa. Pero la economía importa más.
Si la inflación continúa bajando, si el salario comienza a recuperarse, si la actividad económica se consolida. Probablemente muchas contradicciones sean toleradas.
La historia argentina muestra que los gobiernos suelen ser juzgados mucho más por el bolsillo que por la pureza de sus discursos.
El verdadero desafío
El desafío para Milei ya no es demostrar que era diferente. Eso ya ocurrió en 2023. El desafío ahora consiste en demostrar que puede gobernar sin perder completamente aquello que lo hizo distinto. Porque una narrativa puede adaptarse. Lo que no puede hacer es desaparecer.
Si el concepto de "casta" deja de representar una diferencia y pasa a convertirse en una simple herramienta discursiva, el oficialismo perderá uno de los pilares sobre los que construyó su legitimidad.
Claves de lo que viene
- La narrativa anti casta enfrenta su prueba más difícil. El desafío ya no es denunciar a la política tradicional, sino explicar por qué hoy gran parte de ella integra el propio gobierno.
- La economía seguirá ordenando las prioridades del electorado. Mientras los resultados acompañen, muchas contradicciones políticas serán relativizadas.
- El 2027 empezará a responder una pregunta de fondo. ¿La sociedad votó una persona o una forma distinta de hacer política?
En 2023, los argentinos apostaron por alguien que prometía romper con el sistema. Dos años después, el interrogante ya no es si Milei cambió al sistema. La pregunta es si el sistema empezó, lentamente, a cambiar a Milei.
*- Por Pablo Pérez Paladino
Consultor Político | Director de Enter Comunicación



