Tras la salida de Manuel Adorni del entorno del Gobierno de Javier Milei, en medio de una catarata de denuncias por presunto enriquecimiento ilícito, desembarcó Diego Santilli con la misión de recomponer vínculos y hacer “plomería” política sobre los tubos que estaban rotos con la mayoría de las gestiones provinciales, incluida Jujuy.

Hoy concentran la atención dos temas centrales para esta nueva figura que busca posicionar a Santilli como uno de los hombres de confianza del esquema de poder ejecutivo. El primero pasa por juntar los porotos necesarios en el Senado para avanzar con el rediseño de las reglas electorales, incluida la eliminación de las PASO y el ingreso de listas colectoras, una iniciativa que genera un rechazo inicial fuerte, aunque todo indica que ese escenario puede cambiar cuando empiecen las conversaciones con los legisladores más cercanos al oficialismo. El segundo es más concreto y territorial, porque para avanzar con esa reforma el Gobierno necesita el acompañamiento de los gobernadores, que a su vez quedan involucrados en una discusión de fondo sobre el alineamiento político hacia una eventual reelección de Javier Milei en 2027.

Santilli ya muestra un alineamiento absoluto con el Gobierno nacional, salió a defender la agenda de reformas impulsada por la Casa Rosada y planteó como indispensable consolidar las condiciones políticas que permitan la reelección del presidente.

“Para que la Argentina no vuelva atrás, el Presidente tiene que reelegir”, afirmó Santilli, y agregó que su principal tarea será la construcción de las mayorías parlamentarias necesarias para que todo lo que el Gobierno tiene en marcha finalmente pueda concretarse.

El “Colo” busca también capitalizar rápidamente logros propios y no esconde sus ambiciones personales, entre ellas la de convertirse en candidato a gobernador de la provincia de Buenos Aires, apoyado por el aparato de La Libertad Avanza y un eventual respaldo del PRO, con la mira puesta en disputar un territorio donde el peronismo se mantiene competitivo con Axel Kicillof, aunque todavía sin un sucesor territorial claramente definido.

Para avanzar en ese objetivo, el jefe de Gabinete reunió en una foto a los gobernadores aliados o más cercanos al oficialismo. En esa imagen de asunción se lo vio al jujeño Carlos Sadir, que aparece más cómodo con el “Colo” que con el más cuestionado Adorni. A partir de allí comenzaron los llamados y el pedido de acompañar al “Javo” en una hipotética reelección, en un recorrido que se busca más “tranquilo” y con las ayudas necesarias para provincias que atraviesan fuertes tensiones fiscales por la falta de recursos.

En el norte, Sadir sabe que afrontará por primera vez una elección con un armado político propio y con candidatos que responderán directamente a su conducción. En ese escenario, los cambios ministeriales concretados a fines del año pasado podrían no ser los únicos. En la Casa de Gobierno no descartan nuevos "refresques" en áreas consideradas estratégicas para afrontar una etapa de mayor exigencia política y una competencia electoral que ya comenzó a tomar temperatura. La prioridad dejó de ser únicamente garantizar la continuidad de la gestión, ahora el reto pasa por recalibrar el gabinete y fortalecer el perfil político del oficialismo de cara a la maratón proselitista.

Esa estrategia también implica ampliar la base de sustentación política. El propio gobernador viene transmitiendo hacia el interior de su espacio que será necesario "abrir la cancha", convencido de que el respaldo de los intendentes radicales no alcanzará por sí solo para sostener un proyecto reeleccionista. En ese marco, distintos sectores del peronismo ya mantienen conversaciones con el oficialismo, mientras otros aún analizan si volver a integrar una construcción similar a la que en 2015 encabezaron Gerardo Morales y Carlos Haquim. La denominada "pata peronista" aparece como una pieza fundamantal del esquema, aunque todavía resta definir bajo qué condiciones podría concretarse ese entendimiento.

La necesidad de ampliar alianzas también responde al nuevo mapa político que enfrenta el oficialismo. La irrupción de La Libertad Avanza obligó a reconfigurar la estrategia electoral en Jujuy. El espacio libertario, encabezado en la provincia por Ezequiel Atauche, avanza en la incorporación de dirigentes territoriales y ya tendría prácticamente delineado su esquema para la próxima elección. Entonces, la disputa política se traslada al plano de la gestión. Desde el oficialismo provincial sostienen que buena parte de las dificultades financieras que atraviesa Jujuy responden a los recortes aplicados por el Gobierno nacional en coparticipación, subsidios y programas destinados a áreas sensibles, un argumento que buscan instalar como eje de la discusión pública frente al avance del mileísmo.

En La Libertad Avanza, “Chaucha” Atauche le sacó una ventaja política a Manuel Quintar tras el escándalo del “Tesla” y la posterior polémica por una ostentación que generó ruido interno. Puertas adentro, el episodio produjo un cortocircuito en el armado libertario local y varios dirigentes terminaron reacomodándose alrededor del senador. En ese clima, Quintar buscó responder el cachetazo y marcó posición con gestos hacia el entorno de Karina Milei, incluida la difusión de una foto que circuló como mensaje hacia la interna libertaria.

A la par, Cristina Guzmán también perdió centralidad en la dinámica del espacio, en un escenario donde la proyección electoral de su hija, la diputada nacional Bárbara Andreussi, todavía no logra consolidarse en las mediciones como para impulsar una futura fórmula provincial. En el plano legislativo local, quien viene marcando un perfil más confrontativo es Federico Canedi, que continúa con su línea de cuestionamientos y pedidos de rendición de cuentas al oficialismo radical, manteniendo abierta la tensión en la agenda parlamentaria provincial.

El peronismo de Jujuy atraviesa una nueva etapa de reordenamiento interno tras la designación de un interventor que reemplazó al salteño Ricardo Villada, en medio de fuertes tensiones internas y versiones cruzadas sobre presuntos alineamientos que habrían inclinado la balanza dentro de la discusión entre los distintos sectores que hoy pugnan por conducir el partido. En ese contexto, y con rapidez política para marcar el rumbo, el nuevo interventor, el neuquino Federico Prieto, apenas a días de asumir, definió el calendario partidario y anunció que las internas del PJ jujeño se realizarán el domingo 30 de agosto.

A través de una resolución partidaria se estableció que todas las líneas internas podrán presentar candidatos hasta el 8 de agosto, en el marco del calendario electoral vigente. A partir de allí se abre el interrogante central sobre quiénes efectivamente competirán, en un escenario donde ya comienzan a circular nombres, movimientos y posibles retornos. Entre ellos aparecen Carolina Moisés con la vuelta de Somos Mas, Leila Chaher y Guillermo Snopek por el sector más identificado con La Cámpora, además del espacio Jujuy Avanza vinculado a Rubén Rivarola y otros diputados aliados.

En el ínterin, se aguardan definiciones de dirigentes de peso como Carlos Haquim, Agustín Perassi, Juan Jenefes y Adrián Mendieta, junto al intendente de La Quiaca, Dante Velázquez, que mantiene una relación fluida tanto con el entorno de Axel Kicillof como con el gobernador riojano Ricardo Quintela, en un entramado político que todavía no termina de ordenarse y que puede modificar el mapa interno del peronismo jujeño en cualquier momento.

¿Y la izquierda? En Jujuy, su principal escenario sigue siendo el ámbito legislativo local, donde logró instalarse con presencia constante en las causas sociales y en los debates de mayor sensibilidad pública. Alejandro Vilca, atento también a las mediciones de imagen de Myriam Bregman y a la dinámica nacional del espacio, se mantiene expectante frente a los movimientos del peronismo del campo popular, a la espera de posibles canales de diálogo que permitan reconfigurar una oposición más amplia en la provincia. Un discurso que se repite con frecuencia en ese sector, aunque todavía sin traducción concreta en una construcción política de mayor alcance.

Así, con este panorama, queda claro que ningún espacio parece hoy en condiciones de llegar a la gobernación con un frente puro y ortodoxo. Incluso las mediciones que circulan en el clima político ubican al radicalismo de Carlos Sadir un escalón por encima de su competidor directo, La Libertad Avanza, aunque sin diferencias decisivas. Sin embargo, ninguna de las dos fuerzas logra por sí sola capturar el denominado “derrame peronista”, un factor que se vuelve cada vez más inquietante y que ambos espacios intentan simpatizar en la búsqueda de aliados.

En ese contexto comienzan a delinearse algunas hipótesis políticas. Por un lado, la posibilidad de que el radicalismo vuelva a abrir su base de sustentación convocando a sectores del peronismo dispuestos a integrarse a una construcción más amplia. Por el otro, la alternativa de que La Libertad Avanza avance en acuerdos con sectores del peronismo no alineado, con el objetivo de disputar la continuidad del esquema radical que gobierna la provincia desde 2015.

Con todos los actores en movimiento, aparece una conclusión que empieza a repetirse con fuerza en la política jujeña.

Nadie llega solo.

El radicalismo conserva estructura, pero arrastra desgaste. La Libertad Avanza exhibe impulso nacional, aunque todavía camina en construcción territorial. El peronismo sostiene historia, volumen y dirigentes, pero no logra resolver su interna ni ordenar un rumbo común. Ninguno de los tres espacios, por sí mismo, parece hoy en condiciones de imponerse sin algún tipo de acuerdo.

Por eso empiezan a aparecer movimientos que hasta hace poco hubieran sonado impensados. Conversaciones cruzadas y negociaciones que todavía no se muestran del todo, pero ya circulan como parte del clima real de la política.

De aquí a mayo de 2027 el tablero va a seguir en movimiento. Habrá rupturas, alianzas inesperadas y dirigentes que cambiarán de vereda convencidos de algo que en política se repite más de lo que se admite en público. Las ideas importan, pero muchas veces pesan más las necesidades.

Mientras el país y Jujuy siguen mirando el Mundial, la política ya está jugando otro partido.

Uno donde no hay goles, pero sí poder.

Y donde, como siempre, el premio final sigue siendo el mismo.

El sillón de gobierno.

*- Por Fabricio Rasjido
Periodista político. Director periodístico en La Voz de Jujuy