Los matices del gobernador, hasta ahora una herramienta para sostener equilibrios, comienzan a pasarle factura. Lo que durante meses pudo presentarse como diversidad de opiniones empieza a mostrar algo más profundo, una disputa por el poder dentro del oficialismo.
El radicalismo entre el presente de Sadir y el regreso de Morales
Después de la Argentina Week en París, donde Javier Milei compartió agenda con gobernadores aliados y dialoguistas, las diferencias dentro de la Unión Cívica Radical jujeña quedaron más expuestas. Mientras los sectores históricos reclaman una posición más opositora frente a la Nación, el entorno de Sadir mantiene la cautela y prioriza la gestión. Detrás de esa discusión también se juega qué radicalismo quiere llegar a 2027.
En ese tablero, Gerardo Morales conserva estructura, dirigentes y voluntad de incidir. Su regreso al centro de la escena provincial no depende solamente de sus declaraciones, sino de su capacidad para ordenar una parte del partido e influir en las decisiones electorales. La pregunta es cuánto espacio está dispuesto a cederle el gobernador que hoy ocupa el sillón de la Casa de Gobierno.
La tensión también se trasladó a San Salvador de Jujuy. El pronunciamiento de la Juventud Radical contra un sexto mandato de Raúl “Chuli” Jorge y en respaldo a Adriano Morone puso en discusión la renovación de liderazgos en la capital. El mensaje cayó mal en sectores que interpretaron el planteo como un intento de desplazar a una figura histórica. El resultado fue un plenario cargado de reproches, donde la discusión por los nombres dejó al descubierto una pelea más amplia, la del recambio generacional y el control de la estructura partidaria.
Morales, además, apuró públicamente a Sadir para que ordene las candidaturas en la capital y las listas legislativas. Advirtió sobre el riesgo de que aparezcan varios postulantes a gobernador dentro del mismo espacio si no se define una conducción política. El planteo tiene destinatario, pero también un mensaje para los socios del oficialismo. La indefinición puede servir para administrar los tiempos, aunque también puede abrirles la puerta a otros jugadores.
Desde el bloque Jujuy Crece, presidido por Santiago Jubert, la respuesta fue defender una conducción compartida entre Sadir, Morales y el vicegobernador Alberto Bernis. El mensaje busca cerrar filas, pero no termina de resolver la incógnita principal. ¿Cómo se compatibilizan tres referencias de poder cuando llegue el momento de decidir quién encabeza y quién acompaña?
Bernis ya dejó entrever que el radicalismo debería repetir la fórmula electoral, mientras Sadir insiste en que primero hay que pensar en la gestión. No es una diferencia menor. Uno empieza a hablar de 2027; el otro procura que la discusión no se coma el presente. Esos son los matices. Y hay otro dato que todavía no ocupa el lugar que merece. Las mujeres radicales aún deben hacer escuchar su voz en la discusión por las listas y los espacios de decisión.
Federico Posadas y una frase que abrió otra disputa
La interpelación al ministro de Cultura y Turismo, Federico Posadas, terminó convirtiéndose en algo más que una sesión legislativa. Los cuestionamientos opositores sobre contrataciones, licitaciones, recursos destinados a eventos masivos -entre ellos el recital de La Renga- y aspectos de su patrimonio personal pusieron al funcionario en el centro de la escena. Sus respuestas fueron consideradas insuficientes por distintos bloques y la Cámara aprobó por unanimidad remitir los registros de la sesión a la Justicia penal provincial para que evalúe si corresponde investigar posibles delitos. Esa decisión no implica que las acusaciones estén probadas. Será la Justicia la que determine si existen elementos para avanzar.
Pero el episodio tuvo una derivación política que terminó haciendo más ruido que la propia interpelación. Posadas planteó que en Jujuy debía existir un “solo comando”. La frase cayó como una piedra en el tablero del oficialismo y reabrió la discusión sobre el supuesto doble comando provincial.
El ministro no es un actor recién llegado a la política jujeña. Morales fue su principal respaldo durante años y lo catapultó al Ministerio de Cultura y Turismo. Por eso, su posicionamiento actual y la cercanía que algunos dirigentes le atribuyen al sector de Sadir alimentaron las lecturas internas. La pregunta que quedó flotando fue si Posadas reclamaba una conducción institucional más clara o si, con su declaración, había decidido tomar partido en una disputa que hasta entonces otros intentaban administrar.
El planteo de Posadas merece una lectura que vaya más allá de la polémica. Si el gobernador tiene la responsabilidad institucional de conducir el Ejecutivo, es razonable preguntarse qué margen posee para definir las prioridades de su gestión y cómo se articulan esas decisiones con los acuerdos políticos del oficialismo. Una mesa compartida no supone necesariamente un doble comando, pero sí exige claridad sobre el papel de cada referente en la toma de decisiones. La frase de Posadas puso sobre la mesa una cuestión que el radicalismo jujeño todavía tiene pendiente resolver, cómo compatibilizar el liderazgo de Sadir con el peso político de Morales y Bernis.
La reacción de Jujuy Crece fue contundente. El bloque defendió la conducción compartida de Sadir, Morales y Bernis y cuestionó duramente al ministro, al que llegó a calificar de “paracaidista”. La disputa dejó de ser una diferencia de opiniones y pasó a convertirse en un cruce público sobre quién tiene autoridad para hablar en nombre del oficialismo y quién puede cuestionar lo construido desde 2015.
Después del banquillo en la Casa de Piedra, Sadir invitó a Posadas a distintos actos oficiales. La imagen del gobernador junto al ministro pudo leerse como una señal de respaldo en medio de la tormenta, pero también como un intento de evitar que el conflicto escalara todavía más. En política, las fotos suelen hablar, aunque no siempre aclaran lo que se quiere decir con ellas.
La discusión, de todos modos, ya había salido del recinto. El intendente de San Pedro y presidente del Foro de Intendentes, Julio Bravo, reclamó una mesa política radical definida, participación efectiva del interior y un lugar para Sadir en la conducción. Su planteo fue directo. Cuando le preguntaron si el interior estaba realmente representado, respondió que “en la realidad, no”.
Bravo no se quedó en el reparto interno de poder. También fijó un límite para la política de alianzas y rechazó cualquier acercamiento con La Libertad Avanza. “Yo no voy a jugar en ningún equipo donde esté el presidente Milei”, sostuvo. La frase tiene peso porque no proviene de un dirigente periférico, sino de un intendente con territorio y responsabilidades de gestión.
Su intervención deja dos discusiones abiertas para el radicalismo. La primera es quiénes se sientan a decidir; la segunda, hasta dónde puede llegar la política de alianzas. La conducción no se resuelve solamente con una fórmula electoral ni con una fotografía de unidad. Necesita reglas, representación y una definición política sobre el rumbo del partido.
Por ahora, el oficialismo intenta mantener la unidad, aunque las diferencias sobre quién debe conducirlo son cada vez más visibles. Posadas reclama un solo comando, Jujuy Crece defiende una conducción compartida, Morales pide ordenar las candidaturas y Sadir busca concentrarse en la gestión. Detrás de esas posiciones hay una disputa que va mucho más allá de las palabras.
El justicialismo, entre la interna y los primeros candidatos
En la vereda justicialista, la pelea interna parece haber bajado algunos decibeles, pero está lejos de resolverse. La intervención partidaria encabezada por el abogado neuquino Federico Prieto continúa, mientras las disputas judiciales y las controversias en torno a las listas condicionan la normalización del PJ. Fue la Cámara Nacional Electoral la que extendió los plazos hasta los primeros días de diciembre. Hasta entonces, el peronismo jujeño seguirá sin resolver quién conduce, con qué legitimidad y bajo qué reglas se prepara para 2027.
La ausencia de una conducción reconocida por todos abre espacio para que distintos dirigentes comiencen a mover sus propias piezas. En ese escenario se inscribe la relación de la senadora Carolina Moisés con el gobernador salteño Gustavo Sáenz, con quien mantiene coincidencias políticas en el Congreso. Esa cercanía alimenta interpretaciones sobre los posibles alineamientos del peronismo nacional y una eventual candidatura presidencial de Sergio Massa, pero por ahora esas proyecciones deben leerse como especulación política, no como una definición cerrada.
Mientras el partido intenta ordenar su interna, algunos dirigentes empiezan a mostrar qué pueden hacer fuera de ella. La interpelación a Posadas también fue una vidriera para el peronismo legislativo. Rubén Armando Rivarola puso el acento en la división de poderes y sostuvo que la Legislatura debe seguir ejerciendo su función de control. Además, anticipó que el ministro podría volver a ser convocado para explicar la actividad turística y reclamó que los funcionarios rindan cuentas ante los jujeños.
Juan Soler, por su parte, retomó los cuestionamientos por el recital de La Renga, planteó interrogantes sobre los números y los posibles favores alrededor de la contratación y pidió que los organismos de control revisen las declaraciones del funcionario. Las acusaciones y sospechas deberán sostenerse con documentación y ser evaluadas por las instancias correspondientes. En términos políticos, la sesión permitió a ambos legisladores mostrar iniciativa en una oposición que todavía necesita ordenar su propia identidad.
En la capital, Juan Jenefes decidió mover primero y anunció su intención de competir por la intendencia frente a Chuli Jorge. Su anticipación cayó bien en algunos sectores que ven en su postulación una señal de renovación y la posibilidad de empezar a discutir una alternativa para San Salvador de Jujuy. Con el argumento de que la ciudad necesita una gestión renovada, Jenefes comenzó a abrirse camino en un escenario donde los nombres y las alianzas todavía están en construcción. En ese recorrido recibió señales públicas de respaldo de Carlos Haquim, de Primero Jujuy, y de Pedro Pascuttini, referente de la Cámara del Tabaco. El anuncio le permitió instalar su candidatura con anticipación y abrir una conversación política que recién empieza a tomar forma.
Palpalá ofrece otra señal de cómo se mueve el peronismo más allá de su estructura partidaria. El intendente Rubén Eduardo Rivarola reconoció que el espacio está "fragmentado" y confirmó que su sector seguirá trabajando desde Jujuy Avanza. De cara a 2027, dejó abiertas distintas alternativas, incluida una alianza con el oficialismo provincial de Sadir. La posibilidad de que un intendente justicialista acuerde con sectores radicales para enfrentar a La Libertad Avanza introduce un ingrediente de controversia en el tablero jujeño. Rivarola Junior, sin embargo, marcó distancia de los libertarios y descartó cualquier entendimiento con ese espacio.
La declaración muestra que la frontera entre oficialismo y oposición puede ser menos rígida cuando se trata de construir una alternativa provincial. Pero también expone el problema del peronismo. Sin una conducción común, cada sector empieza a negociar desde su propio lugar, con sus propios tiempos y condiciones.
La Quiaca y El Carmen, el territorio también juega
En La Quiaca, Dante Velázquez continúa con trabajo territorial en el norte y mantiene vínculos políticos en Buenos Aires, en especial con el gobernador Axel Kicillof. El intendente no confirmó formalmente si buscará la reelección, aunque se mueve como alguien que quiere conservar protagonismo. En paralelo, reclama que la normalización del justicialismo sea abierta y justa para los distintos sectores. Su consigna, “Discutir y hacer”, apunta a una tensión conocida, debatir las diferencias sin convertir la interna en una parálisis permanente.
En El Carmen también empieza a delinearse una competencia que puede crecer a medida que se acerque 2027. El intendente radical Víctor Hugo González buscará renovar su mandato y mantiene cercanía con el esquema de intendentes que acompaña a Sadir. Del otro lado aparece Adrián Mendieta, exintendente y actual concejal, que comenzó a reconstruir su presencia territorial con la intención de volver a disputar el municipio.
Mendieta pone el foco discursivo en la asistencia social, los recursos municipales, la coparticipación y el financiamiento de obras. Son temas que conectan la discusión provincial con la vida cotidiana de los municipios y que pueden resultar fundamentales en una elección local. En el interior, la política no se define únicamente por las alianzas nacionales o las disputas entre dirigentes provinciales. También pesa quién logra mostrar respuestas concretas en el territorio.
La Libertad Avanza mira de reojo y disputa su propio tablero
Mientras radicales y peronistas intentan ordenar sus espacios, La Libertad Avanza sigue con atención los cuestionamientos a la administración de Sadir y las discusiones sobre la rendición de cuentas de las empresas estatales. Los libertarios ven allí una oportunidad para desgastar al oficialismo y ampliar su presencia en la provincia. Sin embargo, tampoco llegan unidos a la carrera electoral y tienen una discusión propia que puede resultar decisiva para el año que viene. La pregunta es quién será el candidato a gobernador que represente a Javier Milei en Jujuy.
En esa carrera, el senador Ezequiel Atauche busca consolidar su posicionamiento en el Congreso y sumar referentes territoriales y dirigentes municipales en la provincia para quedarse con esa candidatura. Del otro lado, el diputado nacional Manuel Quintar construye su propio esquema político y busca ganar protagonismo. La disputa expone dos formas de acumular poder dentro de LLA, mientras la decisión final también dependerá de cómo la conducción nacional ordene el armado libertario en la provincia.
La aparición de Quintar en un helicóptero amarillo con la inscripción “Milei 2027”, durante una competencia de motocross en la Ciudad Cultural mientras se desarrollaba la ExpoJuy, fue una postal difícil de ignorar. Más allá del impacto visual, el episodio funcionó como una señal de posicionamiento y una forma de exhibir cercanía con el universo libertario. En una disputa donde la candidatura todavía no está definida, cada gesto público puede leerse como parte de una construcción política más amplia.
Quintar también aparece entre los nombres que podrían disputar la Intendencia de San Salvador de Jujuy, aunque esa alternativa no está confirmada y su proyección electoral sigue abierta. A eso se suman las especulaciones sobre su futuro legislativo y una eventual búsqueda de reelección como diputado nacional. Por ahora, esas posibilidades forman parte de un escenario en movimiento, en el que todavía debe definirse cuál será su apuesta electoral y qué lugar ocupará dentro del armado mileísta.
En esa interna también busca espacio Cristina Guzmán, del Movimiento Popular Jujeño, que junto a su hija, la diputada nacional Bárbara Andreussi, insiste con el reclamo de rendición de cuentas -sobre todo de Cannava SE- y mantiene reuniones políticas. Guzmán sigue de cerca la posible visita del papa León XIV a la Argentina, un tema sobre el que tiene vínculos con referentes de la Iglesia Argentina, y procura sostener interlocución con distintos sectores.
Su capacidad de diálogo con los dos sectores en disputa, el de Atauche y el de Quintar, puede darle margen de negociación en un escenario sin definición.
Así, La Libertad Avanza también debe resolver quién conducirá su proyecto en Jujuy y quién tendrá el respaldo nacional para competir por la Gobernación. Porque una cosa es capitalizar el desgaste del oficialismo y otra, bastante más compleja, convertir esa oportunidad en una candidatura competitiva.
2027, la disputa por el poder recién empieza
Mayo de 2027 todavía está lejos en el calendario, pero ya funciona como horizonte para ordenar lealtades, medir fuerzas y negociar posiciones. El oficialismo busca preservar su capacidad de conducción, los sectores del peronismo intentan reconstruir una alternativa y los libertarios procuran convertir su impulso nacional en una opción provincial. Todos tienen derecho a competir por el poder. Lo que la ciudadanía puede exigirles es que expliquen qué quieren hacer con él.
La política jujeña ya empezó a discutir quién tendrá la última palabra. Falta saber quién tiene una propuesta para las primeras preocupaciones de la gente. Porque conducir no es solamente ordenar candidaturas, conservar alianzas o recuperar un cargo. Es decidir qué problemas se atienden primero, cómo se utilizan los recursos públicos y qué futuro se ofrece a quienes viven y trabajan en la provincia.
La pelea por el poder ya empezó. La discusión sobre para qué quieren gobernar Jujuy todavía está pendiente.
*- Por Fabricio Rasjido
Periodista político. Director periodístico en La Voz de Jujuy




