Este agite es malo electoralmente para el candidato libertario. Señalado por gobierno, oposición, banqueros y periodistas de todo el arco político como irresponsable (cuando no, golpista). Sin embargo, todo esto no mueve sino que confirma su base electoral, la que lo apoyó en gran medida para “que se rompa todo”. Ese es el votante que elige a Milei como “el botón imaginario de la bomba imaginaria que va a hacer estallar todo”, resume Alejandro Horowicz en Clarín.
Es un voto des-esperanzado, revanchista frente a la injusticia y la desazón, que siente no tiene nada que perder, que mañana igual tiene que trabajar, que no hay otra que estallar y dar de nuevo. Al votante al que lo mueve ese sentimiento, cada crisis como la de estos días, reafirma su vocación incendiaria. Para el resto de la sociedad, en cambio, esta situación proyecta y refuerza la imagen de Milei como alguien poco confiable. Según la encuesta de la CELAG, el 60% de la sociedad lo describe como emocionalmente inestable y duda de que esté capacitado para gobernar.
Para Massa fue otro garrotazo más, en una candidatura que viene sosteniendo “milagrosamente”, como diría Jorge Asís. Con un desempeño sensato en ambos debates, mucho anuncio e hiperactividad, más una campaña mejor pensada en términos de marketing: había despertado cierta mística en los militantes y cierto conformismo en los votantes. Los suficientes como para posicionarse en segundo lugar y entrar a un ballotage. Sobre todo, ante las dudas y falta de claridad que mostraba no sólo Bullrich, sino todo JxC.
Pero este estallido del dólar, que se verá irremediablemente reflejado en la inflación, vuelve a ponerlo en el centro de la mirada negativa. Y más allá de echar culpas a diestra o siniestra, debe mostrar acciones concretas. Dicho de otro modo, si (como él mismo dijo) conoce a los especuladores, conoce a su “jefe”, e intentará llevarlos “en cana”, tiene que empezar por exponerlos, con nombre y apellido, con datos precisos, frente a toda la sociedad. No le queda alternativa, aunque por cuestiones legales no pueda. A esta altura, después de tantas fugas, blanqueos, especulaciones, toda la sociedad argentina comparte su deseo de "que alguna vez en la Argentina el que especula con el ahorro de la gente y genera ganancias ilegales extraordinarias, tiene que ir preso". Pero el ministro de economía es él. Es su oportunidad de hacer otro milagro: proyectarse como un cambio, como quien, por fin, después de años de estafa, va a ponerle el cascabel al gato. Es eso, o la nada.
Por último, Bullrich es la más beneficiada. Después de un segundo debate que volvió a entusiasmar un poco a las tropas cambiemitas, volviéndose a posicionar en la pelea, la reacción en cadena de ayer fue marketineramente impecable: se posicionó críticamente equidistante de los otros dos candidatos, instaló la metáfora piromaníaca o incendiaria, y proyectó su fuerza política (con estructura) como única solución. Además, logró que Petri, Vidal, Alonso, Morales, entre muchos otros, se encolumnaran en la estrategia. Después de una semana en la que parecía perdida, ahora está nuevamente en carrera gracias al “sube y baja” de la política argentina. En consonancia, el discurso de centro basado, por ejemplo, en la defensa de la salud y educación pública (¡quién lo hubiera dicho!) ponen a JxC como una alternativa de mayor previsibilidad que los libertarios. Ese posicionarse en el centro la ayuda a terminar con su insistencia obsoleta de “acabar con el kirchnerismo”.
El kirchnerismo, como fuerza predominante de centro izquierda aparece ya muy desdibujado. Desde la elección de Alberto Fernández hasta el nombramiento de Massa como candidatos presidenciables, muestran un espacio que viene perdiendo adeptos en una agenda corrida a la derecha. Y casos como el de Insaurralde le hacen poco favor. A 20 años de la asunción de Néstor Kirchner, y 40 años de regreso a la democracia, hay olor a fin de ciclo.
Gane quien gane, las alianzas políticas se reconfigurarán, y lo harán más acuciadamente si hay ballotage. En cualquier caso, permanece la idea de que no depositamos confianza en ninguna solución, sino que nos moveremos frente a algo. O votamos contra el miedo a un salto al vacío, un viaje hacia lo desconocido, una ruptura fundamental del tejido social; o votamos con la decepción de que después de tanta agua bajo el puente, todo va a seguir igual.
*- Por Lucas Perassi
Escritor, Docente e Investigador universitario



