No es solamente una cuestión de fotos. En un PJ jujeño intervenido, con la Justicia Electoral al frente de la normalización y sin autoridades partidarias elegidas, cada movimiento empieza a funcionar también como una señal sobre quién pretende ocupar un lugar en el peronismo que viene.
El Rivarolismo con Kicillof
Más de 300 afiliados, dirigentes y militantes vinculados al sector de Rubén Armando Rivarola viajaron a Avellaneda para participar del encuentro del MDF, que tuvo lugar en el campus Villa Domínico de la Universidad Tecnológica Nacional.
El intendente de Palpalá, Rubén Eduardo Rivarola, estuvo acompañado por la intendenta de Humahuaca, Karina Paniagua, además de dirigentes y militantes de base de ambas localidades. También participaron las diputadas provinciales Claudia Sánchez y Verónica Valente.
La delegación jujeña se incorporó a las diez mesas de trabajo del encuentro, que abordaron comunidad y organización, trabajo y producción, educación pública, mujeres y diversidad, cultura y deportes, obra pública y hábitat, juventudes, seguridad y justicia, y ciencia y universidad.
El dato político es que el MDF busca dejar de ser solamente una estructura bonaerense. Kicillof utilizó el acto para plantear una construcción federal y volvió a marcar diferencias con las conducciones partidarias decididas “a control remoto”.
“Cuenten conmigo para que el año que viene la Argentina tenga una alternativa”, sostuvo Kicillof durante el cierre, en una señal que excedió largamente la política bonaerense.
Moisés, cada vez más lejos
En ese escenario apareció la otra cara de la interna jujeña. Carolina Moisés fue una de las ausentes del encuentro de Avellaneda, después de tampoco participar de la actividad del MDF realizada en La Plata en agosto.
La relación entre el moiseísmo y el espacio de Kicillof atraviesa así una etapa de evidente enfriamiento. Desde el entorno de la senadora sostienen que sus posiciones sobre la necesidad de construir un “nuevo peronismo post kirchnerista” y su mirada sobre el papel del peronismo del interior generaron diferencias con ese armado.
El contraste resulta difícil de ignorar: mientras un sector del PJ jujeño viaja a Buenos Aires para aportar militancia a la construcción nacional de Kicillof, otro de sus principales espacios queda fuera de esa foto.

La pelea que todavía no termina
Pero el verdadero escenario de disputa está en Jujuy. El PJ continúa intervenido y la Justicia Electoral mantiene a Federico Prieto como interventor luego de rechazar el pedido de la conducción nacional para apartarlo.
La Cámara Nacional Electoral consideró que no se acreditaron hechos concretos que permitieran poner en duda su imparcialidad ni que demostraran que su continuidad pudiera afectar las futuras elecciones internas. El fallo fue firmado por Alberto Dalla Via, Santiago Corcuera y Daniel Bejas.
La resolución también reconoció la legitimación de Teresa García y Máximo Rodríguez, designados por el Congreso Nacional del PJ como delegados normalizadores para Jujuy.
La pelea judicial es apenas la superficie de una crisis que arrastra al partido desde 2023, cuando fue intervenido por primera vez. Desde entonces hubo cambios de interventores, suspensiones de afiliados, modificaciones del cronograma electoral y una disputa que terminó trasladándose definitivamente a los tribunales.
Ahora, con Prieto ratificado y la normalización todavía pendiente, la discusión vuelve a ser eminentemente política: ¿quién tendrá capacidad para ordenar al peronismo jujeño cuando llegue el momento de elegir autoridades?
El rivarolismo acaba de mostrar una fotografía nacional con Kicillof. Moisés, en cambio, deberá definir cómo juega en un peronismo que busca reordenarse y en el que las alianzas nacionales pueden terminar pesando tanto como las internas locales.
La pelea por el PJ de Jujuy todavía no tiene ganador, pero las fichas ya empezaron a moverse.




