“El Niño tiene el potencial de asestar un duro golpe a comunidades y economías de todo el mundo. Somos testigos de la devastación que causan sequías e inundaciones y, según las previsiones, estos efectos se agravarán”, señaló la secretaria general de la OMM, la argentina Celeste Saulo.

El Niño es la fase cálida del sistema climático conocido como El Niño-Oscilación del Sur (ENOS). Se produce cuando las aguas del Pacífico ecuatorial central y oriental se calientan de manera anormal durante varios meses, alterando la atmósfera y modificando la circulación global del aire.

Los especialistas explican que este fenómeno no ocurre todos los años, sino cada dos a siete, y que su intensidad varía en cada episodio. La fase opuesta es La Niña, caracterizada por un enfriamiento anormal de las mismas aguas, mientras que la etapa neutral se da cuando las condiciones se mantienen cerca de los valores normales.

En América Latina, El Niño puede provocar lluvias intensas en la costa del Pacífico y sequías en otras regiones, afectando cultivos y disponibilidad de agua. También se asocia con inundaciones, deslizamientos de tierra, olas de calor y problemas para la agricultura.

El episodio actual preocupa por su intensidad. Según la OMM, el fenómeno persistirá al menos hasta febrero de 2027, con su punto máximo previsto hacia finales de 2026, impulsado por temperaturas inusualmente elevadas del Pacífico tropical.

En Argentina, los meteorólogos advierten que la influencia de El Niño marcará una tendencia hacia un escenario más húmedo, con mayor riesgo de inundaciones en regiones vinculadas a las cuencas de los ríos Paraná y Uruguay. Provincias como Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes y Misiones podrían registrar precipitaciones superiores al promedio durante la primavera y el verano.

Los expertos remarcan la importancia de la prevención y de contar con infraestructura adecuada para mitigar los efectos de lluvias persistentes, anegamientos urbanos y complicaciones en barrios vulnerables. Al mismo tiempo, se anticipan condiciones más secas en el Amazonas y Centroamérica, con riesgo de incendios forestales.

Con información de: Infobae