La semana pasada tuve la posibilidad de estar en la ciudad de Neuquén y en Añelo, el corazón de Vaca Muerta y probablemente uno de los lugares que mejor representa hoy a una de esas Argentinas.
Allí se vive algo poco habitual para nuestro país: euforia, inversión, expectativa y sensación de futuro.
Empresarios, trabajadores, comerciantes y dirigentes coinciden en algo: el proceso que se puso en marcha hace casi una década ya alcanzó una escala que difícilmente pueda detenerse, más allá de quién gobierne.
Vaca Muerta funciona hoy como un motor económico, pero también como una narrativa: la idea de que Argentina todavía puede construir una historia de desarrollo sostenido.
La otra Argentina
Pero mientras eso ocurre en Neuquén, existe otra Argentina.
La que llega con dificultad a fin de mes. La que sigue esperando que la estabilidad económica impacte en su vida cotidiana. La que todavía tiene más dudas que certezas.
Son dos países que conviven. Uno discute inversiones y exportaciones. El otro, precios, empleo y salario.
Y en el medio aparece una sociedad expectante, cansada, pero todavía abierta a la posibilidad de que algo funcione.

La política también expresa esa fractura
El sistema político refleja esa misma lógica de contrastes. Por un lado, un gobierno encerrado en una narrativa cada vez más agresiva, sostenida sobre enemigos claros: la casta, el pasado, periodistas, opositores. Por el otro, una oposición que sigue sin encontrar identidad, liderazgo ni capacidad de interpelar a los desencantados.
El oficialismo llega desgastado. Pero la oposición sigue difusa.
Y ahí está una de las claves del momento político actual.
Milei sigue siendo el centro
Más allá del desgaste y de las dificultades económicas, Javier Milei continúa ocupando el centro de la escena Y hay un rasgo que explica gran parte del funcionamiento político del gobierno: la comunicación gira exclusivamente alrededor de la figura presidencial.
No existe comunicación institucional clásica. No hay voceros con autonomía real. No hay construcción coral.
Es Milei hablando directamente con la sociedad y librando diariamente sus peleas contra distintos adversarios. Eso tiene costos evidentes. El desgaste presidencial es enorme.
Pero también tiene una ventaja: mantiene cohesionado al núcleo duro y sigue interpelando a sectores que todavía depositan expectativas en él, incluso aunque las mejoras económicas todavía no lleguen plenamente a su bolsillo.
La continuidad todavía tiene dueño
Aunque falte mucho para las elecciones, el debate sobre cambio o continuidad ya empezó. Y ahí aparece un dato interesante: muchas investigaciones muestran deseo de cambio, pero la continuidad sigue teniendo una identidad mucho más clara que la alternativa.
Porque el gobierno, aun con problemas, conserva algo fundamental: una narrativa fácil de entender.
Puede gustar o no. Puede compartirse o no. Pero el ciudadano promedio logra decodificar rápidamente quiénes son los “buenos”, quiénes son los “malos” y qué está en disputa según la lógica oficialista.
Del otro lado, en cambio, todo sigue siendo mucho más difuso.
Y en política, cuando el futuro es incierto, muchas veces la sociedad termina eligiendo aquello que, al menos, logra entender.
Claves de lo que viene
1. La economía real seguirá definiendo el humor social. El desafío del gobierno es que la “Argentina Vaca Muerta” derrame hacia la otra Argentina.
2. Milei conserva centralidad política. Aun desgastado, sigue siendo quien ordena la conversación pública.
3. La oposición continúa sin identidad clara. Mientras no construya una narrativa competitiva, la continuidad seguirá teniendo ventaja.
Argentina hoy convive entre expectativas de futuro y angustias del presente.
Entre una Argentina que acelera… y otra que todavía espera arrancar.
*- Por Pablo Pérez Paladino
Consultor Político | Director de Enter Comunicación



