Mientras el Presidente se exhibe en medios internacionales y cosecha elogios de la nueva derecha, en la Argentina real la percepción social empieza a tambalear. La imagen negativa subió al 48% y un 6,5% de los encuestados definió su opinión como “regular”. La polarización no cede, pero los números ya no juegan a favor de quien llegó al poder con una motosierra en la mano.
Desde Jujuy, la sensación es una mezcla de expectativa, frustración y silencio. Expectativa de quienes aún creen que el sacrificio propuesto por La Libertad Avanza dará frutos. Frustración de los sectores medios y bajos, que ven cómo el ajuste del Gobierno de Milei se traduce en precios imposibles, recortes salariales y servicios públicos colapsados. Y silencio -mucho silencio- de un gobierno provincial que acompaña las políticas nacionales, pero empieza a escuchar ruidos internos: docentes en conflicto, hospitales delicados y sin recursos, obras paralizadas y comercios que ya no aguantan.
En ese contexto, el contraste entre la épica libertaria y la vida cotidiana es abismal. La reciente entrevista de Alejandro Fantino a Javier Milei tuvo menos rating que una transmisión del CONICET desde el fondo del mar, mientras empresas argentinas "pautaban" en el Washington Post para mejorar la imagen económica del Presidente. En paralelo, en las góndolas del norte los precios suben y las ventas caen.
Aun así, el informe de Giacobbe muestra que un 43,2% considera que “el esfuerzo tiene sentido”. Se sostiene, entonces, una frontera de "dolor tolerable", como la llama el consultor. Una línea delgada entre la esperanza y el colapso.
El espejo jujeño
Jujuy refleja con nitidez los efectos del ajuste. Menos obra pública, menos plata para educación, menos recursos para salud y un clima social contenido apenas con alambre. A diferencia de la política nacional, aquí los costos se sienten en cada rincón: desde el aula sin calefacción en la Puna hasta el comercio que ya no puede pagar la luz en San Pedro de Jujuy.
Y mientras el modelo económico empieza a ser cuestionado, también se mueven las fichas del tablero político.
Lo que viene: el cierre de frentes y una elección desordenada
Este jueves se cierran los frentes para las elecciones nacionales. Será la primera contienda tras la irrupción de Milei, y lo único claro es que no hay nada claro. Cada provincia jugará con sus propias reglas, alianzas improvisadas y candidatos que, muchas veces, ni siquiera coinciden con la línea nacional de sus partidos.
La Libertad Avanza se juega la gobernabilidad. Pero los reacomodamientos son totales: en algunos lugares irá con el PRO, en otros con radicales. El panperonismo buscará ordenarse bajo Fuerza Patria, aunque la dispersión es una amenaza constante. Y se suma una nueva liga de gobernadores que intenta emerger como tercera vía, con Carlos Sadir -el mandatario jujeño- como uno de sus protagonistas.
Sadir, junto a Llaryora, Pullaro, Torres y Vidal, selló un pacto político para construir una alianza de centro con proyección al 2027. "Representamos a la Argentina del campo, la industria, la minería, la energía y los servicios", señaló el mandatario jujeño. Y agregó: “Somos el espacio que garantiza conocimiento y decisión para llevar adelante el plan productivo que genere trabajo en todo el país”.
Pero en casa propia, el panorama no es tan simple.
Jujuy: "Dime quién eres" para llegar a octubre
En las elecciones provinciales de mayo, el peronismo jujeño tocó fondo: cuatro listas fragmentadas, apenas tres diputados electos y un escueto 10% de los votos. Fue su peor desempeño desde la recuperación democrática en 1983. Esa misma noche, los interventores del PJ nacional -Aníbal Fernández y Gustavo Menéndez- se retiraron de la provincia sin hacer ruido, dejando tras de sí una estructura debilitada, sin rumbo y sin candidatos a la vista.
Hoy, a días del cierre de listas nacionales, reina la incertidumbre. El PJ local no formalizó frentes ni nombres, y las internas siguen abiertas. Sin embargo, dos fórmulas suenan con presión: una encabezada por la actual diputada camporista Leila Chaher, que buscaría su reelección con el respaldo de Máximo y Cristina Kirchner y con el nombre de "Fuerza Patria"; y otra desde el espacio “Jujuy Avanza”, que podría llevar como cabeza a Nilson Ortega o a la actual intendenta de Humahuaca, Karina Paniagua. Tampoco se descarta una tercera vía que intente capitalizar el desencanto generalizado.
Mientras tanto, La Libertad Avanza se mantendrá como partido puro en Jujuy. Después de una buena elección en mayo, aspira a quedarse con otra banca nacional. Pero puertas adentro, todo es disputa. Los hermanos Ezequiel y Pedro Atauche -uno senador, el otro operador- se enfrentan con el sector del diputado Manuel Quintar. La pelea no es solo por nombres, sino por la bendición de Karina Milei para el armado de la lista.
En el oficialismo provincial, el frente “Jujuy Crece” trabaja para ordenar sus propias piezas. Aunque suena una posible candidatura nacional de Gerardo Morales -una suerte de intento de resurrección política tras dejar la presidencia de la UCR- el famoso "operativo clamor" aún no se activa. En tanto, figuras como Mario Pizarro (por trayectoria), Miriam Serrano (por renovación) y Adriano Morone (por impacto reciente) aparecen como opciones. Aunque Morone creció mucho electoralmente, dentro del radicalismo más tradicional creen que aún "le falta cocción" para afrontar un Congreso nacional en este contexto tan áspero. ¿Y Sadir? Escucha encuestas, atiende a dirigentes de diversas corrientes, mientras sigue el "finito" con los gobernadores aliancistas de "centro".
El Frente de Izquierda también juega su carta fuerte: Alejandro Vilca. Ya ganó en mayo una banca provincial y ahora apunta a retener la nacional. Según las proyecciones, podría convertirse en el tercero en discordia entre los grandes bloques: “Jujuy Crece” y La Libertad Avanza. La izquierda sabe que si la polarización se mantiene, puede disputar con Leila Chaher el último escaño jujeño en Diputados. No es menor: sería una hazaña.
Una elección que será, más que nunca, política
Jujuy vuelve a ofrecer un espejo. No ya de rebelión, sino de tensión. De un modelo provincial y nacional que exige esfuerzos, promete logros, pero no logra traducirlos en resultados visibles. De una sociedad que espera, pero se agota. De una política que reacomoda nombres, frentes y candidaturas, mientras en la calle la paciencia comienza a tener fecha de vencimiento.
*- Por Fabricio Rasjido
Director periodístico en La Voz de Jujuy



