No contento con ello, se apropió de una fuerza emergente cuyo crecimiento fue apoyando primero disimuladamente, mediante su canal La Nación +, y luego más explícitamente en sus discursos políticos. Así, aparece todavía como quien puede ser el articulador de una victoria en el ballotage, o de la oposición en caso de derrota.
Y digo que se apropió porque (lo habíamos señalado), Milei no tiene pasta de dirigente. Macri lo manejó como quiso en paulatinas reuniones y terminó por abrochar, entre gallos y medianoche, el abrazo entre el “gatito mimoso” y el “pato borracho”. Milei se desdibuja al haber sellado el pacto en secreto y de visitante, “pierde su bandera de la lucha contra la casta”, dice el consultor Jaime Durán Barba, al mismo tiempo que la figura de Macri lo eclipsa.
En caso de una derrota libertaria, hasta ahora creíamos poco probable que sus senadores y diputados (heridos de los más diversos partidos recogidos en ambulancia, o provenientes del ámbito empresarial más proclive a pensar en sus propios intereses) conformaran un bloque rígido y homogéneo abroquelado por las ideas libertarias. Y que ello, probablemente, conllevaría a la disolución libertaria con el tiempo.
Pero todo ha cambiado. Es poco probable que ocurra algo similar bajo el liderazgo obstinado y siniestro de Macri. Eso, más la mitad de los congresistas de Juntos por el Cambio ahora devenidos libertarios, conformarán una fuerza política de derecha consolidada.
En caso de una victoria, a Macri no le basta con controlar “desde afuera” el Congreso, sino que empuja por poner nombres propios en el gabinete: Federico Sturzenegger en Economía, Germán Garavano en Justicia, Guido Dietrich en Infraestructura, Javier Iguacel en YPF, son algunos de los leales que se barajan para coparle la estructura (inexistente) al “Peluca”.
Como bien señala Morales, Macri está haciendo en favor de Milei la campaña “que no hizo por Bullrich”. Además, de cara al ballotage asegura cierta movilización de la estructura opositora que, de no estar mediada por “Don Gato, seguramente no se comprometería en la disputa. En su nueva faceta de comandante libertario, propone “un cambio total; un cambio radical, rápido y contundente”, coherente con su postulado de 2019: “ir por el mismo camino lo más rápido posible".
Y ya acomodó a varios de los periodistas (¿?) de su canal que inicialmente criticaron el pacto. Viviana Canosa pasó de “no iré a votar el próximo 19 de noviembre, me quedaré a tomar un whisky en mi casa” a decir que será “fiscal de La Libertad Avanza”. Por la plata baila la mona, sobre todo cuando el que apura es el dueño del circo.
Macri se siente cómodo, poderoso, en ese nuevo rol. Su vanidad de nene ricachón y caprichoso se ve recompensada en esa nueva centralidad, en ese control sobre la toma de decisiones y la dirección del espectáculo político. Es el dueño del circo.
Queda esperar a ver si termina por consolidarse como titiritero de la marioneta Milei, operando detrás de escena (aunque cada vez menos “detrás”). Prefiguro que en caso de victoria libertaria, la lucha entre ambos egos va a ser de tintes épicos, aunque no hay que alegrarse: como bien nos enseñó Esopo, cuando dos toros se pelean, las que pierden son las ranas.
Esperemos que esa victoria nunca suceda.
*- Por Lucas Perassi
Escritor, Docente e Investigador universitario



