Se ganó el discurso antisistema. Hace más de una década, el “políticamente incorrecto” era Néstor Kirchner. Hoy, es Javier Milei. Ni una izquierda que ya es del paisaje habitual de la política institucional burguesa; ni una Patricia Bullrich devenida en “segunda marca” por centro y por derecha, convocando al orden y la previsibilidad (¿?).
Es Milei quien impuso agenda. Instaló sobre la mesa dos temas sobre los que el debate público venía mirando para otro lado: la (in)eficiencia del Estado y la existencia de una casta política que vive a espaldas de la gente. Sobre ambos temas, el de la casta y el Estado deficiente y deficitario, me referiré en otros artículos, puesto que, aunque se pueda coincidir en abstracto en su existencia, los alcances de dicha denominación y conceptualización son múltiples. En cualquier caso, en la percepción generalizada ambos problemas existen y pueden percibirse en la experiencia cotidiana.
Además, con una aparatosa pero efectiva jerga económica-liberal, Milei ensanchó hacia la derecha los límites de lo pensable y de lo decible. El debate público se vio repentinamente lleno de discusiones que se creían saldadas o imposibles: desde el reemplazo de la educación pública por un sistema de vouchers, hasta el regreso de las AFJPs; desde la superioridad estética de los libertarios (¿?) hasta la comercialización de órganos en el mercado; desde la negación del cambio climático hasta la idea de que “una empresa puede contaminar un río todo lo que quiera”.
Desatinos o no, el discurso político actual gira alrededor de esas y tantas otras de sus ideas, sin lograr salirse del huracán Milei. En parte, porque ya nadie cree que las otras fuerzas tengan algo nuevo o distinto que proponer, no entusiasman ni a sus propios votantes, más movidos por el espanto que por la convicción.
Futurología: Milei a la final
En nuestro país, arriesgar resultados electorales parece cada vez más difícil. Sin embargo, vamos a intentarlo aquí.
Lo que surge a través de la observación crítica de análisis políticos, encuestas, redes sociales y conversaciones con grupos diferentes de persona, es que no habría ningún escenario posible en el que Milei quedara fuera del ballotage. Al mismo tiempo, parece muy poco probable que gane en primera vuelta, ya sea sumando 45 % de los votos emitidos, o 40 % con 10 de diferencia sobre el segundo.
Si no comete errores no forzados, Milei aparece como el favorito para ser el próximo presidente de la Argentina. En un ballotage con Massa, todo indica que el votante de Bullrich se volcaría casi totalmente hacia el libertario. Si la final fuera con Bullrich, el votante de Massa también iría en gran medida a Milei, y otro tanto en blanco o abstención. En muy pocos casos se inclinarían los votos de JxC hacia UxP, y viceversa. La grieta entre ambos juega a favor de La Libertad Avanza.
Una lejanísima posibilidad sería que en un ballotage Milei – Massa, este último pudiera despegarse del kirchnerismo y articular un gran frente democrático con Larreta, Schiaretti, Morales (para nombrar aquellos con los que tiene mejor relación y hasta afinidad ideológica), además de gobernadores del PJ, y que esa estructura lograra torcer la historia que parece con final anunciado. Suena poco probable.
Preguntas: Milei y la gobernabilidad
Entre los votantes libertarios (cuya diversidad también requeriría un análisis aparte), hay un grupo particularmente llamativo: quienes no creen que pueda llevar adelante sus propuestas. Y dentro de ese grupo, hay un subgrupo más especial: el que no cree y no quiere que lo haga, un conjunto de personas que votan un candidato con la esperanza o la certeza de que no va a poder hacer lo que promete.
Efectivamente, todos los análisis indican que Milei no tendría los números en el Congreso para llevar adelante medidas sustanciales sin negociar con parte de lo que él mismo ha defenestrado como “la casta”. Claro está que ya hay movimientos de aproximación de dirigentes y sindicatos de todos los signos, como ocurre siempre con el que lleva el mote de ganador.
Agrego aquí un elemento más al análisis: su falta de estructura nacional se suplió en muchas provincias con candidatos a diputados y senadores nacionales provenientes de ámbitos empresariales con vínculos (de amistad, de familia, de negocios) con las castas político-empresariales locales. De hecho, el líder libertario no conoce personalmente a gran parte de esos candidatos, y menos sus trayectorias y relaciones. ¿Cuántos de ellos, una vez asumidos, serán fieles a las propuestas más rupturales de un Milei presidente? ¿Cómo pesarán esos vínculos locales en sus decisiones legislativas?
Claro que en términos generales, las propuestas pro-mercado de Milei les interesan mucho a todos ellos. Pero, ¿qué votarían los senadores y diputados libertarios por Jujuy cuando se proponga, por ejemplo, el fin de los fondos discrecionales (como los ATN) hacia la provincia? ¿O el fin de la pauta publicitaria oficial que afectaría a los canales más favorecidos por ella?
Tan grande es el problema de la gobernabilidad, que un referente libertario reconoció ante La Nación: “Vamos a necesitar un juzgado moral para que nadie se corra de la línea, para que nadie vote otra cosa”. Frente a la misma pregunta, el propio Milei no sabe más que sostenerse en el apoyo de la gente que quiere un cambio. Es decir, confía en una amplia diferencia en las urnas y el apoyo posterior para implementar las reformas, sobre todo aquellas que incomoden al establishment político-empresarial.
Lo que creo que sucederá, es que el Congreso dará vía libre a aquellas ideas cuyo soporte sea la espalda de los trabajadores; pero que serán bloqueadas legislativamente todas aquellas que afectan los negocios de, como dice el propio libertario, los “empresarios prebendarios”.
Él mismo twitteó hace meses: “la política es una mugre y hay muchos intereses en juego de parte de gente que no quiere que nada cambie. Gente que vive de este sistema corrupto a costas del pueblo". Con parte de esa gente, va a tener que negociar; parte de esa gente ya integró sus listas; parte de esa gente hoy se le pone al lado.
Suponiendo que Milei fuera efectivamente un utopista de derecha dispuesto a todo, es decir, que verdaderamente creyera en realizar todo aquello que proclama, no le quedaría otra salida que enfrentarse con el Congreso. Para ello necesitará su gente en la calle, donde su base militante y votante exprese su descontento con el poder legislativo. Habrá que ver si los libertarios tienen esa inclinación por las manifestaciones públicas. Sin hablar de la posibilidad de un autogolpe al estilo fujimorista, cerrar el Congreso y actuar con el respaldo de las fuerzas de seguridad y defensa, “en nombre del pueblo”, como se suele decir en estos casos. Allí es donde Victoria Villarruel tendría un importante papel que cumplir. La candidata a vice de La Libertad Avanza convocó a un acto en homenaje a las víctimas de actos terroristas perpetrados por agrupaciones guerrilleras de izquierda. No es una provocación, es un guiño hacia las fuerzas de seguridad de las que puede depender, en pocos meses, la gobernabilidad de un Milei presidente.
Claro que hay más salidas, que la política es dinámica y que todavía faltan muchas instancias. Habrá que esperar, pero también estar atentos.
*- Por Lucas Perassi
Escritor, Docente e Investigador universitario



