Pero hay una decisión que varios referentes repiten: ningún chico debería dejar de entrenar porque su familia no puede pagar.
“Uno no puede decirle a los chicos que no vayan a entrenar por la falta del pago de la cuota societaria”, explicó Federico Vicentín, coordinador del Centro Deportivo Palpalá, en una consulta de La Voz de Jujuy. La frase resume una situación que se repite en distintas instituciones: sostener las puertas abiertas mientras las cuentas se vuelven cada vez más difíciles.
Cuando la cuota ya no alcanza
Para compensar la caída de ingresos, los clubes apelan a distintas alternativas. Rifas, venta de empanadas, actividades comunitarias y pedidos de colaboración forman parte de las herramientas utilizadas para reunir dinero.
“Tratamos de hacer actividades que puedan generar ingresos económicos, rifas, ventas de empanadas, y por ahí golpeando puertas también para ver si conseguimos alguna colaboración o alguna donación”, contó Vicentín.
En algunos casos, el problema no termina en la cuota. También aparecen dificultades directamente vinculadas con la infraestructura.
El profesor Diego Urzagasti, del Club Olimpia de Alto Comedero, señaló que actualmente no cuenta con servicio de luz, pese a encontrarse en una zona céntrica del sector. Allí concurren aproximadamente 120 a 160 chicos.
El deporte como espacio de inclusión
La situación económica también golpea especialmente a quienes necesitan equipamiento o recursos para competir.
El profesor Leandro Carrillo, especialista en Judo Convencional e Inclusivo, señaló que existen chicos con TDA, síndrome de Down y discapacidad visual que requieren acompañamiento específico para desarrollar sus actividades.
En otros casos, la dificultad está en conseguir un equipo deportivo o contar con dinero para afrontar viajes y competencias. La falta de recursos puede convertirse en un obstáculo para quienes buscan participar en torneos provinciales, nacionales o internacionales.
Por eso, algunas instituciones recurren nuevamente a la solidaridad de las familias. “A veces las madres hacen rifas y ahí se puede cubrir casi todo el gasto”, relató.
Una puerta que sigue abierta
Los referentes coinciden en que las dificultades económicas no deberían terminar expulsando a los chicos de los clubes.
“Los chicos no alcanzan a veces a pagar la cuota y aun así yo no les cierro la puerta, sino que dejo que sigan con la carrera”, explicó el profe Carrillo, al remarcar que detrás de cada joven puede existir una posibilidad deportiva que todavía no tuvo la oportunidad de desarrollarse.
Mientras las instituciones buscan recursos para pagar servicios, mantener sus instalaciones y sostener las actividades, también cumplen una función que excede lo deportivo.
En tiempos de cuentas ajustadas, los clubes hacen números para sobrevivir, pero también intentan que la falta de dinero no sea el motivo por el que un chico tenga que abandonar el deporte.
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