La designación del teniente general Carlos Alberto Presti, actual jefe del Ejército Argentino, como nuevo ministro de Defensa generó un fuerte impacto político y abrió un capítulo inédito en la historia democrática. Por primera vez desde 1983, un militar en actividad asumirá la conducción del área, en un movimiento que el presidente Javier Milei presentó como la “reparación” de décadas de confrontación con las Fuerzas Armadas.

Aunque sorpresiva para algunos sectores, la decisión circulaba entre quienes conocen de cerca al Presidente y a su hermana, Karina Milei, ambos con un vínculo de confianza y aprecio con Presti. La relación quedó expuesta en episodios privados, como las llamadas que los hermanos Milei realizaron cuando el uniformado fue internado el año pasado por una intervención médica menor.

El contraste con el kirchnerismo fue explícito en el comunicado de la Oficina del Presidente (OPRA), donde se afirmó que la designación “da por finalizada la demonización de nuestros oficiales, suboficiales y soldados”. El texto remarcó además el carácter histórico de la decisión: “Por primera vez desde el regreso de la democracia, una persona con intachable carrera militar estará al frente del Ministerio”.

El nombramiento de Presti expone una diferencia clave con el enfoque que aplicaron Nilda Garré y Jorge Taiana, ambos dirigentes de la izquierda peronista designados durante el kirchnerismo para conducir Defensa.

A Garré, Néstor Kirchner le encomendó la política militar en un contexto de apertura de juicios por delitos de lesa humanidad, y su gestión incluyó fuertes controles de ascensos, retiro de la Armada de la ESMA, políticas de género y la “desmilitarización” de los liceos.

Taiana, preso durante la dictadura por su relación con organizaciones armadas, continuó esa línea de supervisión estricta sobre las Fuerzas en materia de historial y ascensos. Más tarde, Cristina Kirchner eligió como jefe del Ejército a César Milani, un oficial alineado con su proyecto y con activa militancia peronista.

Desde el kirchnerismo –y también desde sectores del radicalismo– cuestionaron la decisión de Milei y alertaron sobre una supuesta pérdida del control civil de la Defensa. Sin embargo, desde el Gobierno remarcan que el comandante en jefe sigue siendo el Presidente, un civil elegido por la ciudadanía, y que permanecen en plena vigencia los controles parlamentarios y judiciales establecidos por la Constitución.

Desafíos inmediatos: sueldos, IOSFA y reordenamiento interno

Presti asumirá en un contexto complejo. Con más de 50 mil efectivos en el Ejército, 25 mil en la Armada y 22 mil en la Fuerza Aérea, las Fuerzas Armadas arrastran un profundo atraso salarial que derivó en un récord de bajas en los últimos cinco años. La expectativa es que el nuevo ministro avance en un proceso de recomposición que viene siendo reclamado por la tropa y el personal civil.

Otro foco crítico es el IOSFA, la obra social de militares y fuerzas de seguridad, inmersa en una situación financiera que diversas fuentes califican como “terminal”. Con deudas acumuladas, prestaciones demoradas y riesgo de quiebra, el organismo ya formó parte de reuniones urgentes entre los ministros salientes Luis Petri y Patricia Bullrich y el jefe de Gabinete, Manuel Adorni.

A eso se suma la necesidad de reordenar la cadena de mandos: el brigadier Xavier Isaac dejará en horas el Estado Mayor Conjunto, mientras que en la Armada se espera el recambio del almirante Carlos María Allievi. En la Fuerza Aérea, la continuidad del brigadier Mengo está en evaluación, en un momento clave por la inminente llegada de los primeros F-16 adquiridos a Dinamarca con apoyo de Estados Unidos.

En cuanto al futuro ceremonial, no está confirmado si Presti jurará con uniforme de gala y sable corvo, aunque no descartan esa posibilidad. Tampoco pediría el retiro efectivo: asumiría sin dejar su condición de militar en actividad.

Un video viral, difundido y reposteado por Milei, muestra al jefe del Ejército hablando de una fuerza “liviana, ágil y joven”. Para muchos analistas, ese mensaje anticipa el enfoque que Presti podría imprimirle a su gestión al frente de la Defensa.