La carrera por la Secretaría General de las Naciones Unidas continúa sin una definición. Este viernes, el Consejo de Seguridad llevó adelante una sexta votación informal para evaluar a los candidatos que aspiran a suceder a António Guterres, cuyo mandato finalizará el 31 de diciembre de 2026. Los resultados volvieron a evidenciar la falta de consenso entre las principales potencias internacionales.

La costarricense Rebeca Grynspan se mantuvo al frente del sondeo, con nueve votos de apoyo. Detrás quedaron la guyanesa Carolyn Rodrigues-Birkett y el argentino Rafael Grossi, ambos con ocho votos favorables. Sin embargo, los tres recibieron dos votos en contra de integrantes permanentes del Consejo, un indicio de los obstáculos que enfrentan sus candidaturas.

La novedad de esta ronda fue la utilización de papeletas de distintos colores para diferenciar los votos de los cinco miembros permanentes —Estados Unidos, China, Rusia, Francia y Reino Unido— de los emitidos por los diez miembros no permanentes. Este mecanismo permitió identificar con mayor claridad las posibles objeciones de los países que cuentan con poder de veto. 

Rafael Grossi, el candidato argentino

Entre los principales aspirantes se encuentra Rafael Grossi, diplomático argentino y actual director general del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), cuya candidatura fue presentada por la Argentina en noviembre de 2025.

Grossi obtuvo ocho votos favorables en la sexta ronda, pero también recibió seis votos en contra, incluidos dos de miembros permanentes. Esta situación dificulta sus posibilidades de avanzar, aunque las votaciones informales no representan un veto formal ni excluyen automáticamente a los candidatos de futuras rondas.

La misma dificultad afecta a Grynspan y Rodrigues-Birkett, quienes tampoco consiguieron reunir un respaldo que permita anticipar un acuerdo definitivo dentro del Consejo. 

La disputa por la conducción de Naciones Unidas

La elección del próximo secretario general se desarrolla en un escenario internacional atravesado por diferencias entre las principales potencias y debates sobre el futuro de la organización. La falta de consenso en el Consejo de Seguridad mantiene abiertas las posibilidades de las candidaturas actuales y también deja espacio para que se consideren nuevos nombres.

Otro de los aspectos destacados de la carrera es la posibilidad de que, por primera vez en la historia de Naciones Unidas, una mujer ocupe la Secretaría General. Grynspan y Rodrigues-Birkett forman parte de las postulaciones que mantienen esa posibilidad en discusión. 

El procedimiento establece que el Consejo de Seguridad debe recomendar un candidato a la Asamblea General, que será la encargada de formalizar el nombramiento. Para avanzar, la persona elegida deberá reunir el respaldo necesario y evitar la oposición de cualquiera de los cinco miembros permanentes.

Con el final del mandato de Guterres cada vez más cerca, las próximas negociaciones serán determinantes para definir quién conducirá la organización internacional a partir de 2027.