El tratado contempla la reducción progresiva de aranceles para productos clave, lo que permitirá ampliar el acceso de bienes sudamericanos al mercado europeo y, a la vez, facilitar la llegada de manufacturas y tecnología europea a países como Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay. Según estimaciones oficiales, el acuerdo beneficiará a más de 700 millones de consumidores en conjunto.

Uno de los puntos más debatidos fue el impacto en el sector agropecuario europeo, especialmente en Francia e Irlanda, donde productores manifestaron preocupación por la competencia de carnes y granos provenientes del Mercosur. Sin embargo, los negociadores destacaron que se incorporaron cláusulas de protección y mecanismos de control para garantizar estándares de calidad y sostenibilidad.

El acuerdo también incluye compromisos en materia ambiental, con exigencias de cumplimiento de los objetivos del Acuerdo de París y la promoción de prácticas productivas responsables. “Este es un paso histórico que fortalece la relación estratégica entre Europa y Sudamérica”, señalaron desde Bruselas al anunciar la aprobación.

Con este avance, se abre una nueva etapa en las relaciones comerciales internacionales, aunque aún resta la ratificación parlamentaria en cada país miembro, un proceso que podría extenderse durante 2026.

Con información de: Ámbito