La ciudad vivió este martes una de las jornadas más violentas de su historia reciente. Una megaoperación policial en los complejos de favelas de Alemão y Penha dejó al menos 64 muertos —cuatro de ellos policías— y más de 80 detenidos, en el marco de un despliegue destinado a capturar a Edgar Alves de Andrade, alias “Doca” o “Urso”, jefe regional del Comando Vermelho, una de las organizaciones criminales más poderosas de Brasil.

Desde la madrugada, 2.500 efectivos, apoyados por helicópteros, drones y vehículos blindados, ingresaron a las zonas norte de la ciudad, donde se concentraban los principales bastiones del grupo. La operación, considerada la más letal contra bandas criminales en la historia de Río, buscó desarticular la estructura que controla el tráfico de drogas y armas en esa región.

Los enfrentamientos se extendieron durante más de doce horas, con intensos tiroteos, barricadas incendiadas y cortes de transporte público. Más de 200.000 vecinos quedaron afectados por la suspensión de servicios y el cierre de escuelas y comercios.

El gobernador del estado, Cláudio Castro, defendió la acción y la definió como una “guerra” contra el crimen organizado, al tiempo que denunció que “Río está sola en este enfrentamiento”, tras el rechazo de las Fuerzas Armadas a participar del operativo.

“El narcotráfico cuenta con armas de guerra y apoyo internacional. El Estado no puede rendirse”, sostuvo Castro en conferencia de prensa.

Sin embargo, organismos de derechos humanos expresaron su preocupación por la alta letalidad de la intervención. Human Rights Watch recordó que el estado de Río mantiene “una política policial que prioriza el enfrentamiento sobre la prevención”, y advirtió que las recientes leyes locales que ofrecen incentivos económicos por abatir sospechosos podrían “estimular abusos y ejecuciones extrajudiciales”.

El analista de seguridad Chris Dalby, director del observatorio World of Crime, explicó que la magnitud del operativo “revela el poder casi paramilitar del Comando Vermelho” y el dilema del Estado ante organizaciones criminales que controlan servicios básicos y ejercen una forma de gobernanza local.

"‘Doca’ es responsable de más de un centenar de homicidios y de expandir la estructura del grupo a otros estados. Su captura es clave, pero el costo humano es enorme”, advirtió Dalby.

El Comando Vermelho, nacido en una cárcel carioca en 1979, evolucionó hasta convertirse en una red nacional con ramificaciones en Paraguay y Bolivia. Su poder se sostiene sobre el control territorial de las favelas, la venta de drogas y una red de lavado de dinero que involucra a empresarios y funcionarios corruptos.

La operación de este martes se suma a una serie de redadas con resultados trágicos: en 2022, otra incursión en Vila Cruzeiro —zona vecina a Penha— dejó 23 muertos y denuncias de ejecuciones sumarias.

Con este nuevo episodio, Río de Janeiro vuelve a encender las alarmas sobre la militarización de la seguridad pública. En 2024, más de 700 personas murieron en intervenciones policiales, casi dos por día. El saldo de 64 muertes registrado este martes vuelve a colocar al estado en el centro del debate internacional sobre los límites de la fuerza y la responsabilidad del Estado en la protección de la vida civil.

La operación continúa en desarrollo y las autoridades aún no han confirmado si “Doca” figura entre los muertos o sigue prófugo. Mientras tanto, Río intenta recuperar una frágil calma tras un día que muchos vecinos describen como “una guerra en el corazón de la ciudad”.