Alguien que tire propuestas como eliminación del Banco Central, dolarización de la economía, sistema de “vouchers” educativos, venta de empresas públicas, mercado de órganos y de armas desregulados, arancelamiento de la salud y de la educación públicas… 

¡Ojo! Está claro que en lo fundamental ellos coinciden con estas propuestas (está dentro de lo pensable), pero suponen que no se pueden decir públicamente sin pagar el costo político (no está dentro de lo decible), y por eso pusieron a un monigote que lo haga, que lo ponga en agenda. Un monigote que, curiosamente, siempre tiene lugar en los medios y es impulsado algorítmicamente, aunque no tiene ni para pagarse un café. Para eso están los sponsors invisibles.

En términos apenas un poquito más académicos, lo inscriben dentro de los límites de lo pensable y decible para una comunidad en un momento dado.

Con eso, estiran la ventana de la conversación pública tan a la derecha, que los de derecha quedan como de centro. Al lado de Milei, Bullrich aparecía como la alternativa de centro, ¿te acordás?; Rodríguez Larreta, un zurdo bolchevique. Si hasta hoy hay gente (te debe haber pasado de encontrarte alguno) que ya piensa a Victoria Villarruel como una aliada de centro. 

Puede que “salga mal”, si justo te encontraste un estado de sociedad tan roto que votó al monigote (cosa que, inicialmente, pocos tenían en el tablero de posibilidades). Pero, está claro, nunca les sale mal a ellos. Es un “si pasa, pasa”. Después, ellos mismos lo controlan, son los grandes ganadores de la concentración de la riqueza (por eso son los Ellos, diría Héctor Germán Oesterheld). Se hacen sacar impuestos a los bienes personales, a los yates, a los aviones privados, a los autos de lujo, pero te dicen “no hay plata” para tus estudios universitarios

Una vez que el monigote entra en decadencia, le van soltando la mano despacito (mirá TN y LN+ en estos días), se ponen como oposición responsable y van planificando (y condicionando) el remplazo. Total, el monigote ya hizo su trabajo: reafirmar la distribución de la riqueza en favor de los ricos y dejar el debate social planteado del centro hacia la derecha. La reconstrucción será, otra vez, remar en dulce de leche.

En general, los Ellos buscan cambiar al monigote antes de que la crisis sea tan profunda y de que las críticas sean tan fuertes que lleven a la sociedad a descreer de absolutamente todo lo antes dicho. También, antes de que el mono (o el león) comience a creerse que es el dueño del circo. Les falló un poquito el timing en 2001, no llegaron a tiempo, pero aun así lograron desactivar gran parte de la bronca (en concreto, empresarios y medios lograron salvarse). El “que se vayan todos”, que había empezado como una crítica generalizada al sistema, terminó sólo en una cuestión política representativa. Nos proponíamos limpiar la casa, y terminamos ordenando sólo un cajón de fotos viejas. Bah, y ni eso. En lo partidario, no se fue casi nadie, todos se reciclaron y aparecieron con ropas e “ideales” renovados. La política argentina es un ecosistema donde hay animales que nunca se extinguen, sino que se reproducen. Mirá los Menem, cada vez aparecen más en funciones y pidiendo créditos del Banco Nación.

Volviendo, entonces. Ahora que la izquierda tiene a “la rusa” Bregman como figura destacada (notoriedad bien ganada, por otra parte, política y mediáticamente), ¿se fijaron cómo al centro le empieza a parecer más potable, más simpática, la figura del “comunista” Kicillof? 

Con tanto ruso dando vueltas, empiezo a delirar una ensalada rusa política, pero nos falta ponerle picante. Nos falta alguien de extrema izquierda. Alguien a quien seguir, retuitear, incluso insultar (lo importante, siempre, es reaccionar de algún modo). Nos falta alguien capaz de proponer sin tapujos, abiertamente, cosas que Kicillof no va a decir. ¿Qué cosas? Todo aquello que la derecha llamaría “apocalipsis” y que cualquier manual de izquierda llama Capítulo 1. Todo lo que siempre nos dicen que es imposible, infantil, loco o peligroso y que por eso mismo nunca se debate en serio (convenientemente para ellos).

Te pongo algunos ejemplos mínimos de estas delirantes propuestas: una renta universal igual a la canasta básica; limitación a la propiedad de inmuebles (saludos a Adorni); estatización del control de carnes y granos (saludos a Grobocopatel); reforma agraria integral (saludos a la Sociedad Rural); reducción de la jornada laboral a 20 horas semanales sin reducción salarial (saludos a la UIA); que funcionarios y jueces cobren lo mismo que una maestra de grado (van a ver cómo se va para arriba el sueldo docente).

Bueno, esas bastan para dar una muestra de las cosas trastornadas que este candidato de la ultra izquierda podría decir. En rigor de verdad, hay que reconocer que gran parte de estas propuestas ya están en la plataforma del FIT, pero hay que expandir su difusión, viralizarlas, comprometernos todos. Repito, no se trata tanto de encontrar la figura (para mi gusto publicitario, tiene que ser alguien mucho más outsider que Bregman), sino de darle posicionamiento. Que salga en todos los medios afines. Que todo el progresismo debata con él, valorando sus intenciones pero marcándole lo impracticable de sus propuestas. Que tenga un canal de TikTok con bailes y canciones de teoría marxista hechas con la IA de Suno.

La operación no implica que “el loco” de izquierda gane. Al contrario, la idea de promoverlo es que corra el eje del debate, que las propuestas de redistribución moderada parezcan “razonables” por contraste. O sea, el loco de izquierda hace de “malo de la película” para que el progresista de a pie (o de a Clío) parezca el pibe sensato del barrio.

Sé que hay un problema de infraestructura política: quiénes tienen los medios, quiénes tienen el financiamiento, quiénes deciden “algorítmicamente” qué figura se vuelve viral. La cuerda se estira también con recursos. De un lado tienen tractores (incluidos los de las patronales agrarias) y en el otro no tenemos más que intenciones. Pero una decisión cooperativa y corporativa debiera bastar para instalar como trending topic la #EnsaladaRusa y el #5LocoMarx.

Algunos dirán que esa estrategia fragmentaría aún más. Yo digo que a esta altura a muchos no les importa. Para gran parte de la sociedad, si se va Milei y vuelven los mismos de siempre con ropas nuevas, todo tiene menos sentido que antes. Milei no aplacó el sentimiento de decepción política (y existencial) de muchos, sino que lo profundizó. Muchos siguen queriendo que se rompa todo (eso incluyendo ahora a Milei). Toca reconectar con esos muchos, “barajar y dar de nuevo” diría Jauretche. Que se rompa todo, pero que se rompa para este lado. 

Hay que intentarlo, ¿qué no? Las ensaladas seguramente las improvisó alguien que en el camino se llevó muchos chascos (y nosotros ya llevamos unos cuantos). 

¿Y si sale bien?

… Y si sale mal (es decir, no de acuerdo a los planes moderados del centro) y el loco (o la rusa) se convierte en presidente, dont worry, “no lo van a dejar”.  Igual, no me digan que no va a ser divertido y revelador. Porque, seamos sinceros, ver a gran parte del peronismo jugando con Macri, Villarruel, Paolo Rocca, TN, LN+, UIA, SR, para hacer caer al loco (o la rusa) de izquierda, va a quitar muchas máscaras

¿Querés ver? ¡Yo pongo los pochoclos! (perdón, la ensalada).

*- Por Lucas Perassi
Escritor, Docente e Investigador universitario