El futuro aparece condicionado por las restricciones económicas, que obligan a muchos jóvenes a adelantar su ingreso al mercado laboral o a postergar la formación superior. Entre los sectores más vulnerables, esta preocupación asciende al 67%, mientras que en los más favorecidos baja al 55%. En los países de la OCDE, el promedio es menor: 52%.
A la falta de recursos se suma otro factor que pesa fuerte en Argentina: la presión familiar. Casi la mitad de los estudiantes (47%) siente que su familia marca un camino obligatorio luego de la secundaria, ya sea seguir la universidad, trabajar en un negocio familiar o aprender un oficio. La cifra es la más alta de la región y supera con creces al promedio de la OCDE (35%). En los hogares más pobres, esta presión alcanza al 55%, mientras que en los sectores altos se reduce al 38%.
Sin embargo, el panorama no es solo de sombras. El 76% de los estudiantes reconoce que la escuela les enseñó cosas útiles para el trabajo y el 64% afirma que el colegio los ayudó a tener confianza en la toma de decisiones. Son cifras que superan los promedios internacionales y que muestran que, pese a sus dificultades, la escuela argentina sigue siendo un espacio de aprendizaje valioso para el futuro laboral y personal.
Otro dato alentador es que el 65% de los jóvenes se siente bien informado sobre las opciones educativas o laborales después de la secundaria. Aunque está por debajo de países de la región como Colombia (77%) o Perú (73%), es similar al promedio de la OCDE (67%). Esto abre la puerta a un debate pendiente: ¿cómo fortalecer los dispositivos de orientación escolar en los últimos años de la secundaria?
En definitiva, el informe deja en claro que el futuro de los jóvenes argentinos está marcado por una doble tensión: la incertidumbre económica y la presión familiar. La escuela, en este escenario, aparece como un espacio clave no solo para enseñar contenidos, sino también para orientar, acompañar y abrir caminos.
*- Por el Observatorio de Argentinos por la Educación (OAE)



