El Hospital Nacional en Red “Lic. Laura Bonaparte”, especializado en salud mental y consumos problemáticos, enfrentó el año pasado el anuncio de su posible cierre definitivo por decisión del Ministerio de Salud. La noticia, confirmada el viernes 4 de octubre con la clausura de guardias e internaciones y el anuncio del inminente decreto de cierre, generó una profunda conmoción entre los trabajadores.
“Soledad Rivas, psicóloga y secretaria general adjunta de ATE del hospital, relató que apenas llegó el nuevo gobierno pasó un mes y medio para que comenzaran los primeros despidos, lo que fue el preludio de lo que se vive hoy. “Fue un ataque inmediato al sistema de salud y a lo social. El viernes nos avisan que se cierran guardias e internaciones y que llegaba el decreto de cierre. Convocamos a asamblea y fue un grito unánime: ‘de aquí no se mueve nadie, el hospital no se va a cerrar’”, expresó.
Para los trabajadores, la decisión no es casual: el Bonaparte es un hospital emblemático y de referencia en la implementación de la Ley Nacional de Salud Mental, una norma construida de manera colectiva junto a organizaciones, familiares y profesionales. “Sabemos que no fue al azar elegir este hospital. Ya habían cerrado el INADI, ya se veía cómo se vulneraban los derechos”, advirtió Rivas.
Desde ATE remarcaron que la estrategia del Gobierno fue justificar el cierre con argumentos económicos, al señalar que la institución “no era rentable”. “La salud mental no se mide en rentabilidad. No se puede mentir sobre las consultas y prestaciones. El abordaje de estas problemáticas exige un trabajo interdisciplinario”, remarcaron.
Pese a la incertidumbre y al temor de un desalojo policial, los trabajadores no descuidaron la atención de los pacientes y sostuvieron su cuidado durante las vigilias y asambleas. El apoyo social fue inmediato: vecinos se acercaron a acompañar con café, facturas y presencia activa para resistir el cierre.
La situación del Hospital Bonaparte se convirtió así en un símbolo de la resistencia frente al ajuste en salud y políticas sociales. Para Rivas y sus compañeros, la consigna es clara: “El hospital se va a salvar y nosotros no nos vamos a ir”.



