La tradicional marca jujeña de dulces Otito cambió de manos. La firma salteña Salvita anunció la adquisición total de la histórica empresa fundada por la familia Galli, en una operación que impacta de lleno en la industria alimentaria del NOA.

El acuerdo, confirmado oficialmente por ambas partes, implica el traspaso de una marca con más de 70 años de trayectoria, que nació en Yala y se consolidó como símbolo del sabor artesanal jujeño en todo el país.

Una compra con promesas de continuidad

Desde la compañía compradora aseguraron que la operación incluye la continuidad de puestos laborales, un punto clave en un contexto económico complejo.

Además, anticiparon un plan de modernización de las plantas productivas en Jujuy, ampliación del portafolio y fortalecimiento de la presencia en góndolas a nivel nacional.

“La sinergia entre tradición y capacidad industrial permitirá potenciar la marca”, señalaron desde la empresa salteña, que pertenece a la familia Muñoz y opera bajo la razón social Hijos de Salvador Muñoz SA.

Otito: una historia que nació en Yala

La historia de Otito se remonta a 1946, cuando Alberto Galli comenzó con el cultivo de frutas en Yala. Ocho años más tarde, en 1954, fundó formalmente la empresa y le dio el nombre en homenaje a un integrante de la familia.

El crecimiento fue sostenido. En 1963, la firma amplió su capacidad productiva en San Salvador de Jujuy, y en 1971 sumó la producción de conservas de tomate en San Pedro de Jujuy, aprovechando la disponibilidad de materia prima.

Con el paso de las décadas, la empresa atravesó crisis y reestructuraciones, incluyendo la venta parcial en 1988 y su recuperación diez años después por parte de la familia.

El cierre de una etapa familiar y el inicio de una nueva gestión

Hasta 2025, la conducción de la empresa permaneció en manos de la familia Galli, con la participación de distintas generaciones que sostuvieron el espíritu original del emprendimiento.

En ese recorrido, Santiago Galli -bisnieto del fundador- destacó el ADN productivo de la firma, basado en el aprovechamiento de frutas que no ingresaban al circuito comercial y su transformación en dulces, jaleas y almíbares, una lógica que permitió generar valor agregado y consolidar una identidad propia.

Al mismo tiempo, dejó entrever el impacto del contexto económico actual, que obligó a la empresa a readecuarse para sostener su actividad en un escenario cada vez más exigente.

Un mercado en expansión… y en disputa

Antes de la venta, Otito ya tenía presencia en provincias como Chaco, Misiones, Formosa, Salta, Tucumán y Buenos Aires, adaptando su oferta a las preferencias regionales. En Buenos Aires tenía demanda gourmet y en el noroeste con pedidos de conservas y dulces tradicionales.

La adquisición por parte de Salvita abre ahora una nueva etapa, con la posibilidad de escalar la producción y explorar mercados estratégicos, incluso fuera del país.

Identidad jujeña, gestión salteña

El traspaso deja una pregunta latente en el entramado productivo local: ¿qué sucede cuando una marca identitaria cambia de manos?

Si bien la empresa aseguró que se mantendrá la producción en Jujuy, el control estratégico pasa a Salta, en una movida que refleja la concentración y regionalización del sector alimenticio.

En ese cruce entre tradición y negocio, Otito inicia una nueva etapa: la de seguir siendo un símbolo jujeño, pero bajo conducción salteña, en un mercado cada vez más exigente.