Una vez más, cuando la pelota estaba por entrar al arco, apareció Super Trump (que no es un grupo musical) y despejó la situación. No cualquiera tiene el teléfono de Dios, éste lo atiende y satisface la demanda del que llama. Pero como Dios es argentino, a veces sucede. “Es Argentina, no lo entenderías”. “Pero Fara, ¡no fue Trump, fue la justicia!”. ¿En serio? Qué maravillosa casualidad.