Los historiadores solemos explicar -no sin cierta insistencia- que historia y memoria no son lo mismo. La historia es una reconstrucción crítica del pasado: un relato elaborado a partir de fuentes, métodos y debates. La memoria, en cambio, remite a los recuerdos que individuos y colectivos conservan, organizan y transmiten sobre ese pasado. No se trata de una oposición absoluta, pero sí de dos registros distintos, con lógicas propias.