La primera etapa del Clásico de Rosario fue de pierna fuerte -y por momentos desmedido-, el roce constante y la falta táctica como recurso para interrumpir las acciones que podrían generar peligro de adueñaron del espectáculo.
   
Algunas protecciones aisladas de Facundo Mansilla o las intenciones intermitentes de Ramiro Sordo para "La Lepra" fueron lo más claro, mientras que los de Miguel Ángel Russo apostaron por la velocidad de Jaminton Campaz y la experiencia de Ignacio Malcorra.
   
Pero un claro parámetro de lo que fue el clásico fueron los arqueros, Jorge Broun y Lucas Hoyos, quienes no tuvieron demasiada labor durante el primer acto. 

En el complemento, un remate de Kevin Ortíz, para Rosario Central, de media distancia sacó un bombazo que Hoyos desvió al tiro de esquina e hizo ilusionar con un cambio de imagen del partido.
  
Sin embargo, el correr de los minutos no mejoró en nada el partido y las ilusiones se apagaron de forma inmediata, incluso las acciones se anotaron en la lista de faltantes y con apenas una serie de remates -muy- desviados, le bajaron el telón a un clásico que fue para el olvido.