La principal fuerza opositora, encabezada por el exjefe militar Gadi Eisenkot a través del partido Yashar!, obtiene hasta el momento 48 escaños. Mientras tanto, los partidos árabes emergen como actores clave en el nuevo escenario político al reunir 25 bancas entre la Lista Conjunta Árabe, con 19 representantes, y el partido islamista Ra’am, con seis.

La distribución de escaños deja a ambos bloques lejos de la mayoría absoluta de 61 diputados requerida para controlar la Knéset y formar gobierno. Ante esa situación, las negociaciones entre las distintas fuerzas políticas aparecen como decisivas para definir quién conducirá el próximo Ejecutivo israelí.

La jornada electoral también estuvo marcada por denuncias de irregularidades. Luego de emitir su voto, Netanyahu acusó a dirigentes árabes de intentar “robar las elecciones” y señaló que tres funcionarios vinculados a Ra’am habían sido detenidos con sobres que contenían dinero. Sin embargo, las autoridades electorales indicaron que se trata de una investigación aislada y descartaron que los detenidos hubieran llegado a los centros de votación.

Las acusaciones fueron rechazadas por el líder de Ra’am, Mansur Abás, quien sostuvo que el primer ministro buscó generar temor entre los votantes de derecha. Desde la oposición, dirigentes de Yashar afirmaron además que Netanyahu intenta preparar el terreno para cuestionar los resultados en caso de no lograr una mayoría suficiente para permanecer en el poder.

A sus 77 años, Netanyahu busca extender una trayectoria que ya acumula 19 años como primer ministro en distintos períodos. Sin embargo, los resultados preliminares anticipan un escenario complejo, con semanas o incluso meses de conversaciones entre partidos para intentar construir una coalición estable que permita formar gobierno y evitar una nueva convocatoria electoral.