El médico cubanoamericano expuso este martes ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado estadounidense como parte del proceso para la aprobación de su nombramiento. Lo que debería haber sido una exposición diplomática terminó convirtiéndose en un discurso con fuertes tintes injerencistas, cargado de críticas a la política nacional y con un claro mensaje de subordinación a los intereses de la administración Trump.

Recorrer y vigilar

Trump me pidió trabajar con su amigo Javier para construir una grandeza sin precedentes”, declaró Lamelas. Y en esa línea, aseguró que recorrerá las 23 provincias argentinas para “dialogar con los gobernadores” y “vigilar que no hagan acuerdos con los chinos”. Según el futuro embajador, esos convenios pueden “prestarse a la corrupción, por parte de los chinos”.

Los dichos provocaron una inmediata reacción desde la embajada de China en Argentina, que calificó sus declaraciones como “plagadas de prejuicios ideológicos y mentalidad de Guerra Fría”, y advirtió que “Argentina no debe convertirse en un campo de batalla entre potencias”. A través de un comunicado, el gobierno chino defendió su relación con América Latina basada en “el respeto mutuo y el beneficio compartido” y criticó la “lógica hegemónica” de Lamelas.

Cristina en la mira

En su intervención, Lamelas también cargó contra la expresidenta Cristina Fernández de Kirchner. Sin aportar pruebas, sostuvo que “ha sido procesada y declarada culpable de fraude” y que “si no fuera política, estaría en prisión”. Además, apuntó contra el encubrimiento del atentado a la AMIA y sugirió una conexión con la muerte del fiscal Alberto Nisman: “Solo Dios sabrá si estuvo involucrada”.

Las palabras del diplomático fueron interpretadas por muchos sectores como una confirmación de la hipótesis que la propia expresidenta lanzó años atrás: “Si algún día me pasa algo, miren hacia el Norte”.

Repudios por injerencia

Las reacciones no se hicieron esperar. Gobernadores, legisladores y referentes políticos rechazaron el tono y el contenido de la exposición de Lamelas.

El gobernador de La Pampa, Sergio Ziliotto, afirmó: “En nuestra provincia no aceptamos intromisiones externas que busquen disciplinarnos. Los únicos que nos mandan son las y los pampeanos”. Por su parte, Gustavo Melella, gobernador de Tierra del Fuego, fue más allá: “No nos dejamos disciplinar por nadie. Le recomiendo a Lamelas que se quede en su país a resolver sus problemas de corrupción”.

Desde el Congreso también hubo voces contundentes. La senadora Juliana di Tullio cuestionó al presidente Milei: “¿Es el jefe de Estado argentino o el de una colonia? No acepte injerencias”. El diputado Leopoldo Moreau, por su parte, afirmó que las declaraciones de Lamelas “confirman desde dónde partió la orden para meter presa a Cristina”, y que ahora el embajador “pretende imponer a los gobernadores con quién pueden o no pueden negociar”.

La exdiputada del FIT, Myriam Bregman, fue tajante: “Es difícil identificar qué cosa es más grave de todas las que dice. Es inadmisible que un embajador opine sobre la distribución del poder que establece nuestra Constitución y quiera imponer restricciones a inversiones extranjeras por razones ideológicas”.

¿Vuelve la Doctrina Monroe?

El discurso de Lamelas evoca prácticas de otras épocas. Su idea de “vigilar” provincias, apoyar abiertamente a un presidente, condicionar acuerdos comerciales y presionar al Poder Judicial, retrotrae a tiempos que parecían superados. La embajada china lo resumió con claridad: “Sus dichos provocan inquietud ante el posible resurgimiento de la Doctrina Monroe”.

En un escenario de alta tensión geopolítica y con la Argentina atravesando una profunda crisis institucional, las palabras del futuro embajador norteamericano podrían marcar un punto de inflexión. Lejos de la diplomacia, su presentación pareció una declaración de principios de una nueva etapa de intervencionismo directo.