El ministro de Negocios, Peter Kyle, calificó el hecho como una “flagrante violación” de las reglas que prohíben introducir consignas políticas en eventos deportivos. “Uno de los principios básicos de la Copa del Mundo es que hay que separar la política del fútbol. Espero que la FIFA lleve adelante una investigación exhaustiva del tema”, declaró.
La portavoz del primer ministro Keir Starmer reforzó la postura oficial al afirmar: “La Copa del Mundo no será nuestra, pero las islas Falkland nos pertenecen. Nunca cejaremos en nuestro apoyo a las Falklands”. Con estas palabras, el gobierno británico dejó en claro que considera el episodio una provocación que trasciende lo deportivo.
La polémica fue reflejada por los principales medios británicos. El Daily Telegraph informó que se presentó una queja oficial pocas horas después del partido, mientras que el Daily Express tituló: “Estalla la controversia sobre Argentina que podría ser penalizada por el partido contra Inglaterra”. El The Times también destacó la intervención del gobierno en el caso.
Incluso en programas radiales de derecha se reclamó un castigo ejemplar. “Las Falklands son nuestras, siempre lo fueron y siempre lo serán. Tendrían que suspender a todo el plantel por cinco fechas”, expresó un conductor en un debate que se extendió por más de una hora con participación de la audiencia.
El episodio confirma que el cruce entre Argentina e Inglaterra en el Mundial 2026 es mucho más que un partido de fútbol. La bandera desplegada por los jugadores reavivó una disputa histórica y abrió un nuevo capítulo en la relación entre deporte y política, con la FIFA en el centro de la presión internacional para definir si habrá sanciones.
Con información de: Página 12




