Su nombre quedó ligado para siempre a la mítica revista El Gráfico, donde construyó una carrera de más de tres décadas —ocho de ellas como director— y dejó textos que marcaron a generaciones. Su estilo, profundo y narrativo, elevó la forma de contar el deporte en el país.

Nacido el 30 de septiembre de 1940 en Montevideo, Uruguay, Cherquis Bialo se crió en Buenos Aires, ciudad que adoptó como propia. Desde joven mostró su pasión por el boxeo y el fútbol, dos disciplinas que luego narraría con maestría.

Fue protagonista de una época dorada del periodismo, donde cubrió y relató las gestas de figuras inolvidables como Carlos Monzón, Muhammad Ali y Diego Maradona.

Su vínculo con el boxeo fue particularmente estrecho: el Luna Park fue durante años su segunda casa, donde se convirtió en una de las voces más reconocidas de las veladas históricas.

Además de su labor gráfica, tuvo una destacada trayectoria en radio y televisión, y en los últimos años continuó escribiendo en Infobae, donde mantenía su vigencia con columnas que combinaban memoria, análisis y emoción.

Quienes compartieron redacciones con él lo recuerdan como un formador generoso, un apasionado del oficio y un defensor del respeto por el lector como principio fundamental del periodismo.

Una despedida que conmueve

El año pasado había atravesado un cuadro crítico que lo llevó a estar internado en el Hospital Alemán, donde incluso se realizaron campañas para conseguir donantes de sangre. En aquel momento logró recuperarse, pero su salud volvió a deteriorarse en los últimos meses.

Esta vez, no hubo milagro. Su partida deja un vacío enorme en el periodismo argentino, pero también un legado imborrable de historias, enseñanzas y una manera única de narrar el deporte.

Con su muerte, se va mucho más que un periodista: se despide un verdadero maestro de la palabra.