El régimen de Irán cerró este miércoles su espacio aéreo y advirtió a todas las aerolíneas sobre la suspensión de los vuelos que atraviesan el territorio persa, en medio de una creciente escalada de tensión con Estados Unidos y de la profundización de la represión interna contra las masivas protestas que sacuden al país. Al momento del anuncio, apenas dos aeronaves sobrevolaban el espacio aéreo iraní.
En paralelo, el Gobierno iraní lanzó una amenaza directa contra bases militares estadounidenses y de sus aliados en Medio Oriente. El ministro de Defensa, Aziz Nafizardeh, aseguró que cualquier instalación regional que colabore con una eventual ofensiva será considerada un “objetivo legítimo” y prometió una respuesta “dolorosa” si Washington interviene en apoyo a los manifestantes.
La tensión regional se intensificó luego de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, afirmara que “la ayuda está en camino” para quienes se manifiestan contra el régimen, manteniendo abierta la posibilidad de una acción militar. En ese contexto, comenzaron a registrarse reportes diplomáticos sobre la evacuación preventiva de personal estadounidense de la base aérea Al Udeid, en Qatar, una de las más importantes de la región.
Mientras se agrava el escenario internacional, el régimen iraní endureció su política interna. El jefe del Poder Judicial, Gholamhosein Mohseni Ejei, anunció la implementación de juicios “rápidos” contra los detenidos, invocando la figura de moharebeh —“guerra contra Dios”—, lo que despertó una fuerte preocupación internacional por el uso de la pena de muerte como mecanismo de represión.
Organismos de derechos humanos advirtieron sobre la posible ejecución inminente de Erfan Soltani, un joven de 26 años detenido durante las protestas. Aunque el régimen reconoció por primera vez una cifra oficial de 2.000 muertos, organizaciones independientes como HRANA elevaron el número a 2.571 fallecidos verificados y denunciaron que más de 10.000 personas continúan detenidas.
A esto se suma un apagón digital que ya supera las 132 horas consecutivas, dificultando la circulación de información y la verificación independiente de los hechos, mientras la comunidad internacional observa con creciente alarma una crisis que amenaza con desbordar las fronteras de Irán y desestabilizar aún más Medio Oriente.



