La reelección de Hugo Moyano al frente de la Federación Nacional de Trabajadores Camioneros hasta 2029 no fue una simple renovación de autoridades. Fue, principalmente, una demostración de poder y un movimiento sísmico dentro de una interna que atraviesa a la familia, al sindicato y a la CGT.

El dato político de la jornada —que tuvo lugar en el predio del Club Camioneros en Esteban Echeverría— fue la salida abrupta de Marcelo “Feúcho” Aparicio de la primera vocalía de la Federación. Un dirigente estratégico, con enorme peso en CABA y Provincia, y hasta hace poco uno de los hombres de máxima confianza del propio Moyano.

Aparicio, más cercano hoy al sector de Pablo Moyano, queda así desplazado en un contexto de acusaciones cruzadas, volantes anónimos, denuncias internas y amenazas veladas que vienen sacudiendo a Camioneros desde hace meses.

Mientras se corría a un histórico, otra puerta se abría: Jerónimo Moyano, de 26 años, pasó de manejar la Secretaría de la Juventud a asumir la Secretaría Gremial e Interior, un cargo clave que lo convierte en el virtual número 3 del sindicato.

Su ascenso no sorprende dentro del mundo camionero: desde hace años su padre lo lleva a reuniones políticas y sindicales para foguearlo. Tampoco es un secreto la mala relación con su hermano Pablo, quien quedó fuera de la estructura de la Federación en 2021.

Jerónimo mantiene buena sintonía con Facundo, Hugo Antonio y Karina, pero es Pablo el que marca la distancia. “Paga el costo de la pelea vieja entre su mamá y Pablo”, deslizan en el entorno sindical.

En el recambio fueron ratificados otros hijos del líder camionero:

Hugo Antonio Moyano, diputado electo de Fuerza Patria, seguirá al frente de Asuntos Jurídicos.

Karina Moyano continuará en la Secretaría de la Mujer.


Además, el cotitular de la CGT, Octavio Argüello, figura de la mayor confianza de Moyano, se incorporó a una nueva Secretaría de Políticas.

Aparicio fue durante años uno de los operadores más eficientes de Moyano. Destrabó conflictos de alto perfil, como los de Mercado Libre y la recolección de residuos en CABA.

Pero su situación cambió radicalmente cuando sectores cercanos al jefe camionero intentaron vincularlo a un presunto fraude en un hotel que el gremio posee en Mar del Plata. Dos dirigentes —Paulo Villegas y Claudio Balazic— ya habían sido desplazados por ese mismo episodio.

La pelea escaló con volantes callejeros que lo acusaban de “robarle a Hugo M.” y con asambleas en las empresas recolectoras donde se expresaba apoyo a Aparicio y advertencias a quienes buscaban desplazarlo, “Los traidores se tendrán que hacer cargo y pagarán su culpa”, llegó a decir un delegado en un video que circuló en redes.

El conflicto sumó otro capítulo esta semana cuando José “Teta” Garnica, jefe de la rama de recolección, culpó —sin nombrarlo— a Aparicio por la falta de pago de indemnizaciones, “Alguien firmó lo que no tenía que firmar y nos garchó.”

Aun así, la Federación colocó como primer vocal a Andrés Miño, dirigente alineado con el sector de Aparicio, una señal de que la interna aún está lejos de cerrarse.

Con la designación de Jerónimo Moyano al frente de la estratégica Secretaría Gremial, Hugo Moyano reafirma su control, pero también reconoce un desafío urgente: recomponer un armado nacional fracturado en varias provincias y atravesado por disputas familiares.