El gobierno de Santa Fe, encabezado por Maximiliano Pullaro, expresó cautela e inquietud ante el fenómeno. Pullaro, quien en varias oportunidades advirtió sobre la posibilidad de escaladas de violencia, subraya que, aunque mejoró la seguridad, las amenazas de los grupos violentos continúan siendo latentes.

En respuesta a este episodio, la llegada a Rosario de la secretaria de Seguridad, Alejandra Monteoliva, y el jefe de Gendarmería Nacional, Claudio Brilloni, marca una coordinación entre la provincia y el gobierno nacional para contener la situación y evitar posibles desbordes. Con 300 móviles en la calle y medidas estrictas en prisiones, las autoridades buscan dificultar la circulación de órdenes criminales y controlar los movimientos de grupos armados.

A pesar del operativo de seguridad, la forma en que Bracamonte fue asesinado revela una vulnerabilidad inesperada en su defensa.

Quien logró sostener su mando en la hinchada de Central durante más de 25 años fue ultimado sin protección, en una camioneta sin blindaje, a solo cien metros del estadio. Aunque Pillín ya había sufrido tres atentados este año, los atacantes lograron emboscarlo y dispararle al menos 15 veces mientras viajaba como acompañante de Daniel "Rana" Attardo, su mano derecha.

Los Menores y el nexo narco en la barra de Central

El poder que Bracamonte ejerció en la hinchada de Rosario Central iba más allá del fútbol. Su rol involucraba la administración de actividades lucrativas, como el control de estacionamientos, la venta de comidas en el estadio y hasta servicios para el club.

Sin embargo, en los últimos años, la influencia de la barra se extendió hacia negocios de narcotráfico urbano e internacional. Con estrechas relaciones con figuras del narco, como Ariel Cantero y Esteban Alvarado, Pillín consolidó una red de contactos que vinculaba a la hinchada con bandas de narcomenudeo y operaciones de mayor escala, como el envío de cocaína desde Bolivia a Santa Fe en avionetas.

El asesinato de Bracamonte expone la reciente mutación en la estructura de la barra de Central, que dejó el narcomenudeo barrial para adentrarse en el narcotráfico internacional, un cambio que complejizó sus redes y lealtades internas. En julio, una avioneta con 460 kilos de cocaína aterrizó de emergencia en San Justo, Santa Fe, y dos semanas después fueron detenidos dos integrantes de la barra de Central por su conexión con esta operación. Este despliegue de la barra de Central en el narcotráfico internacional sugiere un cambio de escala y organización delictiva.

Incertidumbre y vigilancia en Rosario

El asesinato de Pillín Bracamonte marca un antes y un después en la seguridad de Rosario. Desde el gobierno santafesino reconocen que la situación es compleja, pero confían en que el esfuerzo conjunto con fuerzas federales permitirá controlar cualquier posible escalada. "No hay batalla ganada contra la violencia, pero estamos fuertes y coordinados", indicó una fuente del Ejecutivo.

Rosario, una ciudad marcada por la violencia del narcotráfico, vuelve a contener la respiración mientras los investigadores buscan esclarecer el asesinato de un hombre que, hasta el momento, había escapado a múltiples intentos de su vida.