“Yo tenía mucho miedo. Me daba vergüenza usar el bastón. Fue más en la adolescencia, junto a un grupo de amigos, que empezamos a salir con el bastón. Hoy es la herramienta que tengo para trasladarme: de la casa al trabajo, del trabajo a los lugares de ocio. Está todo el tiempo en tu vida”, relató Gutiérrez.
Durante la entrevista, destacó que el bastón no solo cumple una función técnica, sino que también atraviesa momentos emocionales porque “Está en los momentos muy buenos, pero también en los difíciles, donde la gente pasa y lo patea, se rompe. Y eso duele”.
Gutiérrez advirtió sobre la falta de empatía en el espacio público porque “La gente va mirando el celular, no se fija, te empuja. Nosotros no vemos, no podemos corrernos. El bastón se mueve de izquierda a derecha, y si lo pisan, se dobla. Ya no se puede usar con eficacia”.
También señaló que los bastones tienen un costo económico y que las obras sociales solo los cubren cada seis meses, lo que deja a muchas personas sin reposición ante roturas. “Eso también tiene que ver con los ingresos que tenemos las personas con discapacidad”, agregó.
Desde la coordinación municipal, se ofrece acompañamiento profesional para quienes necesitan aprender a usar el bastón, la coordinadora explicó que “Tenemos una profesora de educación especial, acompañante terapéutico y licenciada en psicopedagogía. Queremos construir herramientas para una vida autónoma”.
Finalmente, dejó un mensaje a quienes aún no se animan a usar el bastón y expresó que “Que abracen esa emoción, pero que no se aferren. Que busquen otras posibilidades. Que se junten con otras personas con discapacidad, porque eso te da fuerza. La discapacidad es parte de la condición humana, parte de la diversidad. No nos hace valer menos que otro”.



