Durante su oratoria, monseñor Fernández hizo eco de las palabras del Papa Francisco, quien hizo un llamado global por la paz en medio de los conflictos armados que azotan al mundo. “Hoy también, otros males aquejan a la humanidad”, afirmó, refiriéndose a las crecientes tensiones en el Oriente Medio, los devastadores bombardeos en Ucrania y los numerosos conflictos que matan de hambre a las naciones africanas. “Los vientos de la guerra y la violencia siguen asolando pueblos y naciones enteras”, añadió.
El obispo reiteró la invitación del Papa Francisco a levantar “las armas de la iglesia que son el ayuno y la oración”, instando a los millones de creyentes a implorar el don de la paz en un mundo que se encuentra “casi al borde del abismo”.
En su discurso, Fernández también abordó la grave situación social en la provincia y el país. “Nos preocupan las angustias de todos nuestros hermanos, cualquiera sea su condición social. Nos preocupa su soledad, la falta de trabajo, la pobreza y la indigencia que afecta a más de la mitad de nuestro pueblo. Nos estremece saber que siete de cada diez niños son pobres en Argentina”, expresó.
“Hoy, también los argentinos nos sentimos heridos y agobiados. Sin embargo, a los pies de María, nuestra Madre, encontramos consuelo en nuestras penas y la fortaleza para seguir luchando por un mañana mejor”, subrayó.
El obispo enfatizó la importancia de acercarse a María, destacando la fe, esperanza y amor que persiste en el alma del pueblo jujeño. “Hoy, al invocarla como patrona y madre de nuestro pueblo, queremos pedirle por nuestras familias, por todas las familias de Jujuy y por nuestra Patria, que debe ser una gran familia”.
Fernández hizo un llamado a la paz y la solidaridad en las familias. “Pedimos que no haya violencia en nuestros hogares, que podamos valorar la vida y cuidarla como un regalo de Dios. Nos postramos a tus pies para pedirte el trabajo para tantos hombres y mujeres que no lo encuentran y que necesitan llevar el pan a su mesa y dar educación a sus hijos”.
Con un mensaje de esperanza y solidaridad, el obispo concluyó su homilía invocando la fe en Nuestra Señora de Río Blanco y Paypaya. “Ayúdanos madre a ser más solidarios con los más vulnerables de nuestra sociedad, con los pobres y humildes, y con los pueblos originarios que no siempre han encontrado el espacio y apoyo para expresar la riqueza de su cultura. Cuida de nuestros niños y jóvenes, que son la esperanza y riqueza de la Patria. Regálanos la gracia, madre, en estos 90 años de la iglesia de Jujuy y que no nos falten las vocaciones a la vida sacerdotal, consagrada y misionera”.



