Llevamos un mes del “deslomegate” y las cosas no mejoran: las complicaciones de Adornison cada vez mayores, los datos económicos de la calle confirman que la cosa está dura y el gobierno sigue sin poder controlar la agenda. Hace tres semanas, como comentamos en esta columna, el presidente empezó a usar algunas tácticas comunicacionales para amortiguar la temporada de dolores de cabeza. En Córdoba reconoció que la inflación era todavía alta, pero que era mucho menor que cuando él llegó al poder.