Tras la muerte del papa Francisco, la Iglesia católica activa un antiguo ritual que regula desde el entierro hasta la elección del nuevo pontífice. Según establece el protocolo vaticano, el entierro deberá realizarse entre el cuarto y sexto día posterior al fallecimiento y tendrá lugar en la Basílica de San Pedro, donde se expondrá el cuerpo para la despedida pública.