Tenía 24 años al momento de su desaparición y su historia refleja cómo la violencia estatal también golpeó al ámbito deportivo. Sus compañeros lo describen como un joven apasionado por el fútbol y muy querido en su comunidad.
A medio siglo del golpe, su nombre sigue presente en la memoria de quienes lo conocieron y en el reclamo colectivo de justicia. “Ernesto era un jugador veloz, alegre y un amigo entrañable”, recuerdan sus allegados, quienes insisten en mantener viva su historia como símbolo de resistencia.

Jugó 11 partidos en el Nacional 1970, la primera participación de un equipo jujeño en Primera. Un par de años después, ya con la camiseta de Atlético, se ganaría el derecho de volver a participar en la máxima categoría, pero una lesión se lo impediría: la necesidad de operarse lo llevaría al lugar donde lo asesinaron, La Plata, el 18 de marzo de 1976, seis días antes del golpe de Estado.
También en la misma ciudad, casi dos años después, el 7 de diciembre de 1977, desaparecería Antonio Piovoso, el ex arquero de Gimnasia y Esgrima de La Plata que había atajado tres partidos en el Metropolitano 1973. Piovoso y Rojas son los únicos dos futbolistas con pasado en Primera División que fueron víctimas del terrorismo de Estado.
A Rojas le decían Ranga o Ranguita. El 16 de agosto de 1970 convirtió el gol que aseguró la clasificación de Gimnasia de Jujuy al Nacional, un 3-1 ante Patronato (1-1 en la ida, en Paraná) que le dio a su provincia la felicidad de recibir por primera vez a los gigantes argentinos. Atrás, al comienzo del Regional, otros dos pesos pesados del norte argentino, Central Córdoba de Santiago del Estero y Juventud Antoniana de Salta, habían quedado en el camino del Lobo jujeño. Ya en la máxima categoría, Gimnasia y Rojas debutaron a lo grande: contra Boca en la Bombonera.
Rojas no tenía militancia política y su interés por el tema era escaso, a diferencia de varios de sus amigos jujeños. En 1973 se instaló en San Miguel de Tucumán junto a Julio Rolando Álvarez García, quien sería secuestrado y desaparecido en agosto de 1976. Meses antes del golpe, en marzo, coincidió con los hermanos Gerardo y Raúl Arabel, estudiantes en La Plata, con quienes retomó su idea de operarse la rodilla en Buenos Aires para volver a jugar al fútbol. Con 29 años, viajó con ellos hacia la capital bonaerense, donde le habían asegurado alojamiento, sin saber que serían blanco de un grupo parapolicial vinculado a la Concentración Nacional Universitaria.
En La Plata, Rojas y los hermanos Arabel fueron detenidos en la vivienda donde se alojaban y asesinados a balazos. La prensa de la época, como El Pregón de Jujuy, presentó el hecho como un episodio de “violencia subversiva” perpetrado por “elementos desconocidos”. Sus restos fueron trasladados a Jujuy, donde el club Gimnasia convocó al sepelio el 23 de marzo, un día antes del golpe militar.
Con información de: TyCSports



