En primer lugar, el funcionario dejó claro que su permanencia responde a un compromiso ético y profesional, afirmando que "vine por el bronce, por el cariño a la justicia" y que su motor es dejar un legado de orden jurídico.
Sobre el polémico proyecto para bajar la edad de imputabilidad, el ministro fue tajante al señalar que la realidad social de 2026 obliga a una actualización normativa urgente. "Hoy ese chico de 14 años conoce perfectamente lo que hace, sabe qué está bien y qué está mal; actúa con dolo, conocimiento y voluntad".
Además tocó un tema sensible ya que uno de los puntos más disruptivos de su propuesta es la reforma de la figura del femicidio, a la que calificó como "difusa e imprecisa" desde su creación en 2012.
El ministro sugirió que la nueva redacción legal debería cubrir todas las hipótesis posibles bajo el nombre de "hombricidio y femicidio", basándose en el principio de que la ley no debe limitarse a un solo sexo.
"Si vos derogas el femicidio, inmediatamente 130 personas recuperan la libertad; no va a pasar. Se le da otra forma para que sea justa y proporcional para todos", aclaró, proponiendo que si un hombre es asesinado bajo circunstancias de "desprecio al sexo, aprovechamiento de superioridad, sometimiento o control", la pena debe ser igual a la que recibe quien mata a una mujer.
Para Cúneo Libarona, la figura actual enfrenta cuestionamientos constitucionales por centrarse únicamente en la mujer, algo que sectores de la academia consideran discriminatorio.
"El sexo o la tendencia sexual que tengas no puede generar impunidad ni privilegios; somos todos iguales ante la ley", insistió.
Por último, el ministro descartó de plano cualquier retroceso en materia de derechos reproductivos: “El aborto se mantiene en la posición que tiene hoy, ya es ley y no hay ningún interés del gobierno en dar marcha atrás”.



