El oficialismo nacional activó un fuerte operativo político en la Cámara de Diputados con el objetivo de recomponer alianzas estratégicas antes del debate por la reforma laboral, previsto para febrero. El presidente del cuerpo, Martín Menem, retomó los contactos con los bloques aliados luego de la última sesión, marcada por la polémica votación de los representantes de la Auditoría General de la Nación (AGN) y la caída del capítulo que afectaba la coparticipación de la Ciudad de Buenos Aires.
El primer acercamiento fue con Cristian Ritondo, jefe del bloque PRO, uno de los sectores más molestos tras lo que consideran una ruptura del pacto parlamentario. Desde el entorno de Menem aseguraron que los llamados responden a su rol institucional como presidente de la Cámara, aunque el gesto no logró frenar la escalada del conflicto. El PRO avanzó con una presentación judicial para impedir la jura de los nuevos miembros de la AGN, mientras se concretaba la asunción de representantes de La Libertad Avanza (LLA), el PJ y los gobernadores.
El malestar se profundizó luego de trascendidos televisivos sobre supuestos pedidos de Ritondo a cambio de votos, interpretados en el PRO como una operación política proveniente de la Casa Rosada. La relación quedó aún más tirante y evidenció la fragilidad del vínculo entre los libertarios y uno de sus socios centrales en el Congreso.
Dentro del oficialismo conviven dos lecturas sobre el escenario. Por un lado, quienes admiten errores de cálculo tras una sesión en la que el quórum estuvo al límite y quedó expuesta la debilidad parlamentaria del Gobierno, especialmente cuando fue rechazado el Capítulo XI. Por otro, sectores más duros de Balcarce 50 sostienen que el PRO no tiene margen para romper definitivamente y que deberá acompañar al Gobierno ante la falta de alternativas políticas viables.
Otro punto de tensión fue el debut legislativo de Fernando de Andreis, hombre cercano a Mauricio Macri, quien vio frustradas dos de las principales apuestas del PRO: el lugar en la AGN —que pretendían para Jorge Triaca— y la defensa de los fondos porteños.
Más allá de los cruces, en el oficialismo reconocen que sin el PRO, la UCR y bloques como Unidos, no habrá votos suficientes para avanzar con la reforma laboral. “Hay que recomponer porque sino todo va a ser cuesta arriba”, admitió un diputado libertario, que señaló que el diálogo está abierto, aunque “enrarecido”.
Además del PRO, Menem busca aceitar vínculos con otros espacios. Con la UCR el diálogo es fluido, pero el bloque Unidos, que responde a distintos gobernadores y sectores provinciales, aparece como el más complejo. Los contactos, iniciados con saludos por las fiestas, apuntan en realidad a restablecer puentes políticos claves.
Con la reforma laboral como próximo gran desafío legislativo —y a la espera de posibles movimientos en el Senado— el Gobierno apuesta a recomponer alianzas para evitar sorpresas y garantizar gobernabilidad en Diputados.



