La escena quedó resumida en el gesto endurecido de Gerardo Martínez, titular de la UOCRA y único representante cegetista en la mesa. Su salida, sin sonrisas ni rodeos, expuso la frustración acumulada: “No estamos de acuerdo con los objetivos que plantea Sturzenegger”, afirmó, y dejó abierta la puerta a medidas de fuerza si continúa la falta de consenso.

Un diálogo que no arranca

Desde hace meses, la central obrera reclama acceso real al borrador de la reforma. Pero en cada acercamiento -público o privado- la respuesta es la misma: evasivas. El Gobierno, empoderado tras el triunfo electoral de octubre, parece decidido a avanzar sin dar participación al gremialismo.

La última reunión fue un ejemplo de ese clima. Martínez llegó con la expectativa de abrir una discusión, pero lo que encontró fue una presentación unilateral de los “puntos principales” a cargo de Federico Sturzenegger, ministro de Desregulación, una figura históricamente resistida por el sindicalismo. No hubo intercambio, ni precisiones, ni espacio para la negociación.

El resultado quedó plasmado en la foto del encuentro: todos sonríen menos él.

Estrategia sindical: sumar aliados y mirar al Congreso

Ante la falta de diálogo, la CGT acelera su ofensiva política. En Azopardo ya asumieron que no habrá acuerdo con el Ejecutivo y avanzan en la construcción de un bloque propio para disputar la discusión cuando el proyecto llegue al Congreso, previsiblemente el 9 de diciembre.

En los últimos días, la conducción de la central mantuvo reuniones con gobernadores, legisladores y, especialmente, con sectores pymes. Es una táctica arriesgada: muchos de los cambios laborales que circulan en borradores son pedidos históricos de cámaras empresarias. Pero la CGT apunta a fracturar ese frente.

La jugada con las pymes

Este miércoles, el triunvirato cegetista recibió a dirigentes de CGERA y CAME, organizaciones que agrupan a un amplio universo de pequeñas y medianas empresas. Según fuentes del encuentro, la sintonía fue buena. Todos coincidieron en que desconocen el contenido completo del proyecto oficial y en que rechazan una “injerencia estatal” que afecte la relación directa entre empleadores y trabajadores.

Desde la CGT interpretan la reunión como un primer paso para mostrar que el empresariado no es un bloque homogéneo detrás del Gobierno. “No van a ser reformas que vengan a solucionar los problemas de empresarios y trabajadores”, señalaron desde la central tras el diálogo.

Lo que viene

Resta ver si este frente ampliado tendrá peso cuando el Congreso empiece a discutir la reforma. Pero en la CGT saben que sin jugar todas sus cartas -las muchas o pocas que tengan- será difícil plantarse frente a un oficialismo decidido a avanzar con su agenda laboral sin concesiones.

El conflicto ya está planteado. Falta saber si habrá negociación o si el Gobierno y los gremios terminarán enfrentados en un diciembre caliente.