En julio de 2020, cuando la Policía de Santa Cruz encontró el cuerpo degollado, maniatado y semienterrado de Fabián Gutiérrez en El Calafate, en plena pandemia, se desató una ola de sospechas. Muchos se preguntaron si el ex secretario de Cristina Fernández de Kirchner, imputado en la causa Cuadernos, había sido asesinado por lo que sabía.
Un año antes, el juez Claudio Bonadio lo había enviado a juicio por encubrimiento agravado por presuntamente haber participado del traslado y ocultamiento de dinero ilegal que, según la investigación, recaudaría el entorno presidencial. La Oficina Anticorrupción, entonces a cargo de Laura Alonso, había pedido incluso que fuera acusado como miembro de la asociación ilícita.
El fiscal Carlos Stornelli fue tajante en su acusación: “Tengo por probado que Fabián Gutiérrez ayudó a Néstor y Cristina Kirchner a asegurar el dinero ilegal producto del sistema de recaudación”.
Gutiérrez, igual que José López, había declarado como arrepentido. Su testimonio, sin embargo, no será leído en el juicio oral, ya que su asesinato extinguió la acción penal en su contra. Aun así, su confesión sigue resonando en los autos del expediente: una trama de vuelos privados, bolsos cerrados con candado y valijas que viajaban al sur.
Gutiérrez aportó detalles que comprometen al fallecido Daniel Muñoz, histórico secretario de Néstor Kirchner. “Muñoz llevaba valijas con candado. Era el único que las tocaba. Viajaban en la parte trasera del avión”, declaró en 2018.
También sostuvo que al regresar de los vuelos, “al poco tiempo aparecía Muñoz”, y que, cuando eso ocurría, “nos hacían retirar a todos por una hora”.
El ex secretario mencionó además a José López y Ricardo Jaime, describiendo reuniones con Néstor Kirchner donde ambos llegaban con bolsos y mochilas. Todo terminaba con la intervención final de Muñoz: “Una vez que se reunían, con lo que traían estas personas se retiraba Muñoz”.
La declaración del propio López reforzó la trama. Contó que, en 2016, Gutiérrez lo contactó para “cambiar de lugar un dinero”, sin precisarle cuánto. El encuentro fue en el hotel NH. Pocos días después, tres enviados de Gutiérrez le entregaron los bolsos que terminarían en el famoso convento de General Rodríguez.
“Estaba sumamente nervioso y paranoico”, dijo López, antes de relatar la secuencia que lo llevó a cargar el dinero, un arma y dirigirse al monasterio, donde fue sorprendido.
Los teléfonos secuestrados tras su detención mostraron la red de contactos del funcionario: De Vido, Muñoz, Gutiérrez, todos agendados. A Gutiérrez también le secuestraron un iPhone, pero solo se pudo recuperar la información de la tarjeta SIM; la memoria interna quedó inaccesible.
Al inicio del expediente, Gutiérrez se había negado a declarar. Con el avance del caso, cambió de postura y se convirtió en uno de los testimonios más sensibles sobre el movimiento de fondos en el entorno presidencial.
La conspiración política quedó descartada: en 2024, tres jóvenes fueron condenados a cadena perpetua, y uno confesó que el móvil fue un robo tras un encuentro sexual.
Sin embargo, la muerte de Gutiérrez dejó su testimonio fuera del juicio oral, privando al tribunal de escuchar de primera mano un relato que reconstruye los vuelos al sur, los bolsos, las valijas cerradas y el rol central de Muñoz y López en los traslados de dinero atribuídos al esquema de corrupción más resonante de la era kirchnerista.



