La escena se dio en pleno marco protocolar y fue captada por la transmisión oficial. Milei descendió del vehículo presidencial, caminó hacia la entrada con la mirada fija al frente, y pasó de largo sin saludar a las autoridades que lo aguardaban en fila, entre ellas, Macri y Villarruel. El gesto fue evidente y generó una tensión inmediata, reflejada en los rostros sorprendidos y visiblemente incómodos de ambos funcionarios.

Aunque no hubo explicaciones oficiales por parte de Casa Rosada ni de voceros del Presidente, la situación fue rápidamente interpretada como un gesto político de alto contenido simbólico, sobre todo considerando la relevancia institucional de los involucrados.

El hecho ocurre en un contexto de rumores crecientes sobre tensiones internas dentro del espacio gobernante. La relación entre Milei y su vicepresidenta, así como los vínculos con el gobierno porteño, vienen siendo objeto de especulaciones políticas y análisis.

La ceremonia religiosa, encabezada por el arzobispo de Buenos Aires, se llevó a cabo con normalidad, pero el incidente ya generó repercusiones en medios nacionales y redes sociales, donde se multiplicaron las lecturas e interpretaciones del gesto presidencial al cual nuevamente calificaron como "irrespetuoso".