"Traíamos un avión a la flota nacional y es una maniobra controlada, que reviste cero peligro. Entendimos que era la bienvenida que tenía que tener", precisó Barone y explicó así que eso se hace habitualmente cuando se incorpora una aeronave a una flota o cuando se retira un comandante.
   
Sin embargo, en relación al aterrizaje en el país del flamante ARG 01, el Boeing 757, que costó 25 millones de dólares y se sumó a la flota aérea presidencial, diferentes especialistas en aviación coincidieron en objetar el momento y las condiciones en que se ejecutó la maniobra, ya que era un día de baja visibilidad.
   
Por ese vuelo rasante se abrió un sumario contra Barone y contra Juan Pablo Pinto, el otro piloto de la aeronave, que se tramitará ante la Procuración General del Tesoro para determinar cómo fue el accionar de ambos.
   
"Todo se hizo con autorización. No hago nada sin ella. La pasada es absolutamente legal. Hay videos, está todo documentado", precisó dijo Barone en declaraciones a los medios.
   
"Estábamos solos, vacíos, arriba de una pista. No se hizo nada en otro lado. La repercusión que tuvo fue negativa, desinformando a la gente".
   
Hubo videos y con eso salieron a destrozarnos. Está el perfil de vuelo, se pidió autorización, es todo público. Todo es demostrable. ¿Dónde está el delito?", planteó.
   
Barone remarcó que fueron autorizados "hasta por la Empresa Argentina de Navegación Aérea (EANA)" y reveló que se enteraron de la repercusión que tuvo el hecho cuando ya habían llegado a sus casas y vieron los informes de televisión, en lo que considera que es una muestra más de que el problema no fue a nivel aeronáutico sino "mediático y político".
   
Sobre la maniobra aérea, Barone sostuvo que "en términos profesionales se hizo todo lo que se tenía que hacer", pero admitió que "en términos políticos no era el momento".
   
"No evalué esa situación. Veníamos felices, con el avión nuevo en una fecha patria", reveló.