Durante su audiencia en el Comité de Relaciones Exteriores del Senado norteamericano, el diplomático designado por Donald Trump afirmó que su misión será intervenir activamente en las 23 provincias argentinas para frenar el avance de las inversiones chinas. La advertencia no pasó desapercibida: Jujuy es, hoy por hoy, la provincia argentina con mayor flujo de capitales chinos.
La línea trazada por Lamelas no es casual: su discurso gira en torno a la doctrina "America First" -el sello ideológico de Trump- y apunta a desarticular la influencia comercial de China en América Latina, empezando por sus enclaves más activos: minería, energía, infraestructura y tecnología. Y en todos esos rubros, Jujuy aparece como protagonista.
¿Qué está en juego?
Nada menos que más de 2.600 millones de dólares en inversiones chinas confirmadas hasta la actualidad solo en Jujuy, según datos oficiales locales y de la Bolsa de Comercio de Rosario. Estas incluyen proyectos estratégicos como:
Litio:
- Ganfeng Lithium: principal accionista del megaproyecto Caucharí-Olaroz (US$ 1.000 millones).
- Tibet Summit Resources: con más de US$ 400 millones para exploración en Salinas Grandes.
- Exar S.A.: inversión conjunta con Zijin Mining (US$ 500 millones).
Energía Renovable:
- PowerChina y Shanghai Electric: impulsores del Parque Solar Cauchari, el más grande de América Latina (US$ 320 millones).
- Sinopec: negocia un megaemprendimiento de hidrógeno verde (US$ 500 millones estimados para 2025).
- Gotion: construcción de una planta solar de 200 megavatios en la finca El Pongo
Infraestructura:
- CMEC y Sinohydro con proyectos viales, caminos mineros y electrificación rural (más de US$ 230 millones combinados).
Agroindustria y Tecnología:
- COFCO: US$ 50 millones en plantas de empaque frutihortícola.
Cultura y Turismo:
- El desarrollo del Tren Solar de la Quebrada, legado del gobierno de Gerardo Morales.
Una relación bilateral provincial
El actual gobernador Carlos Sadir mantuvo en el último año y medio reuniones con representantes de empresas chinas para reforzar vínculos comerciales, principalmente en litio y energías renovables. Su antecesor, Gerardo Morales, fue el primer mandatario provincial en establecer un canal diplomático directo con Beijing, materializando obras estratégicas como los parques solares y convenios de exportación agrícola.
Esa dinámica descentralizada choca de frente con la visión de Lamelas, quien advirtió que las provincias argentinas pueden transformarse en espacios de "corrupción china" si negocian por su cuenta. La declaración encendió las alarmas de gobernadores del norte y sur del país, cuyas economías dependen, en parte, de estos capitales.
¿Ruptura inminente?
Desde la llegada de Javier Milei a la Casa Rosada, el vínculo con China se congeló casi por completo. El gobierno argentino rechazó la participación en los BRICS, no renovó los acuerdos de swap financiero en condiciones óptimas, y suspendió varios memorandos de cooperación. Esto derivó en un fenómeno llamativo: los gobernadores provinciales -sin interlocución nacional- asumieron el rol de “embajadores” paralelos.
La ofensiva diplomática estadounidense busca ahora frenar esa autonomía. Pero en el camino se corre el riesgo de erosionar proyectos productivos en marcha, generar incertidumbre entre empresas y, peor aún, dejar a regiones vulnerables sin alternativas de desarrollo.
¿Defender la soberanía o alinearse con Washington?
El dilema no es menor: ¿puede un embajador extranjero como Lamelas limitar decisiones soberanas de gobiernos provinciales? ¿Cuál es el rol del Estado nacional ante una advertencia de injerencia externa? ¿Y hasta qué punto es ético o legal condicionar inversiones por el mero origen de su capital?
El problema no es Trump, ni Lamelas, ni Xi Jinping: el problema es la falta de una política exterior coherente y federal que garantice que el desarrollo productivo de las provincias no quede atrapado entre la geopolítica de las grandes potencias.
Jujuy, a pesar de su tamaño, fue calificada como ejemplo de cómo la planificación estratégica, la asociación público-privada y la búsqueda de aliados internacionales permitieron crear empleos, generar divisas y modernizar sectores importantes como el energético y tecnológico. Cancelar eso bajo pretexto ideológico sería un retroceso inadmisible.
En ese marco, no serán sólo los gobernadores y legisladores peronistas que hoy repudian las expresiones de Lamelas, sino que se sumarán otros gobernadores y actores políticos influyentes.
La soberanía no se declama, se ejerce
La Argentina necesita inversiones, y las necesita ya. Pero también necesita reglas claras, respeto por las autonomías provinciales y una política exterior que no esté atada a ideologías importadas. En este contexto, la presión de EEUU contra las inversiones chinas debería encender una sola alarma: la de nuestra soberanía.
Las provincias, y particularmente Jujuy, no pueden ser peones en un ajedrez global entre Washington y Beijing. Son -y deben seguir siendo- protagonistas de su destino.
*- Por Fabricio Rasjido
Director periodístico en La Voz de Jujuy



