El Gobierno nacional presentará el presupuesto 2022 desechando los rumores sobre una postergación de la ley de leyes hasta que se alcance un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional por la deuda de 44.000 millones de dólares que dejó el Gobierno de Mauricio Macri.

El jueves habrá una serie de anuncios económicos destinados a aumentar las jubilaciones y el salario mínimo -que podría ser del orden del 10% sobre los $29.160 actuales-, junto a otras medidas que fomentarán el consumo e intentarán recuperar el poder adquisitivo donde los salarios continuaron perdiendo frente a la inflación.

En el presupuesto 2022 se proyecta que el PBI de Argentina crecerá entre 3% y 4% en 2022, con una inflación anual de entre 30% y 40% y un déficit fiscal primario de entre 3,0% y 3,5%. Además se aumentará el gasto público en términos reales privilegiando la obra pública, con especial énfasis en infraestructura, viviendas y ampliación de la red de agua y cloacas.

La política fiscal será expansiva, al tiempo que se reducirá un poco el déficit global de las cuentas públicas por incremento de la recaudación de impuestos por encima de la inflación. Disminuirán los subsidios energéticos en relación al PIB sin afectar el poder adquisitivo de las mayorías y habrá recursos para ampliar la infraestructura energética.

El sendero fiscal de estos años fue un déficit global de 8,5 por ciento en 2020 debido a la imprescindible expansión del gasto Covid-19. En la primera mitad de este año hubo una importante reducción de ese desequilibrio para luego ampliar la intervención en el segundo semestre, que implicaría un saldo final de déficit total estimado de 5,3 por ciento.

El objetivo oficial es financiar gran parte del desequilibrio previsto en el mercado de deuda en pesos más que con emisión monetaria. Otro factor que influirá en las cuentas públicas es que el crecimiento económico vendrá por el lado de la dinámica precios-salarios y por la disponibilidad de divisas para financiar el consiguiente incremento de las importaciones. El alza del PIB impactará de ese modo en forma positiva sobre la recaudación y, por lo tanto, en el frente fiscal.